Hablemos menos … y hagamos más 

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Hablar sobre envejecientes 

(nuestros queridos viejitos)

es de los temas refritos 

políticos recurrentes, 

usados como ingredientes

para aderezar campañas

como simples artimañas

para ganar elecciones

prometiéndoles ficciones 

que se quedan en patrañas.

Los besan y los abrazan

diciéndoles: “¡Soy su hijo!”

en medio de un regocijo,

hasta que los votos pasan;

cuando en las urnas arrasan,

ya viéndose triunfadores,

por esos alrededores

no vuelven ni de relajo

y ahí se les ve el refajo 

de vulgares timadores.

El otoño de la vida 

(llaman así a la vejez) 

la que nos llega, tal vez,

sin la feliz bienvenida

y quizás ni la comida 

tengan algunos segura

viviendo con amargura,

muchas veces sin cariño,

y un anciano es como un niño

que necesita ternura.

Ojalá y la sociedad 

no se quede en el allante

porque es decepcionante 

ver tanta frivolidad, 

y que a la tercera edad

se le dedique atención 

pasando de la intención 

a que hablemos ya con hechos

pues son muchos sus derechos

no simple manutención.-