Del libro el arte vivir o Innovar

Al salir yo, en el primer receso, del Segundo Congreso para Comunicadores Católicos (Santo Domingo, 4 de mayo 2013), cuando iba hacia la camioneta, me detuvo un niño pequeño. Me incliné un poco para oír lo que trataba de decirme: 

–—No sé si usted sabe que yo rezo siempre por el Papa Francisco… 

–—¡Aaaah, qué bien! –—Le dije. –—¿Cómo te llamas? –—Gabriel Molina.–—¿Y cuántos años tienes? –—Ocho. 

–—¡Qué bien, Gabriel! (En ese instante pensé que en mi casa, siendo niños, rezábamos todos los días, rodilla pelada en tierra, por las intenciones del Sumo Pontífice). Entonces le dije a Gabriel: 

–—Dentro de un tiempo yo tengo que ver al Papa Francisco. ¿Te gustaría que le dijera que tú rezas por Él? 

–—¡Sí, sí! –—me dijo con carita radiante. 

–—Pero te quiero pedir otra cosa: cuando reces por el Papa, reza también por los sacerdotes, por los obispos… 

Gabriel me prometió que lo haría y yo le aseguré que llevaría su mensaje al Papa. Pero mientras llega el tiempo de cumplir mi promesa, le digo desde aquí a Su Santidad: «¡Duerma tranquilo, Papa Francisco, que el niño Gabriel reza por usted!»