Del libro Poesías Completas de Mons. Freddy Bretón

Esas paredes, amigo

P asó el niño descalzo y tú no sentiste nada

la lluvia tocó a tu techo y tampoco la escuchaste.

Afuera pasa la vida

y sucede que estás dentro.

Cantan afuera las flores con voces de niña tierna y tú anotas pesadillas

en tus paredes oscuras.

Se extendieron tantas manos y chocaron tu cemento.

Yo fui tocando a tu puerta y helada me respondió

la voz de los fríos vientos.

¡Cuánta lágrima de hermano ha ido a morir a tu puerto!

Murallas van de ladridos con las púas del silencio.

No supiste de dolor

no sabes que hoy duele el tiempo.

Rompe esos muros, amigo airea tu alma mustia.

Presta tu mano extendida:

Te la llenaré de pueblos sangre nueva que germina, semilla que salta en el surco.

¡Aprisa!

que empieza a romper la vida.

¡Aprisa!, que muerde el tiempo.

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Señor que de mil partes…

S eñor que de mil partes vienes para buscarme

con los pies polvorientos sudorosa la frente

los ojos amorosos y la boca sonriente.

Señor, por dondequiera me asedia tu mirada.

Pero, ¡por cuántas bocas me llega tu palabra!

El viento la murmura la susurran las plantas

los hombres la pregonan las montañas la cantan.

Señor, ¿de dónde vienes? Vienes de todas partes: Del fuego, de la noche del jardín y el desierto

de la choza, del monte

–corazón mar adentro– del oeste o del norte.

Vienes de soledades y de quejidos lentos de lágrimas postreras de ayes y lamentos.

¡A todas partes vamos! Me espolea tu palabra desafían tus huellas subyuga tu mirada.

¿Por dónde queda el mundo y el espacio lejano?

Iré solo contigo, prendido de tu mano.