En medio de esta tormenta del COVID-19 Jesús está en nuestra barca para regalarnos su paz

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Amado Jesús, esposo de mi alma, en esta mañana vengo a ti para alabarte, bendecirte, adorarte y manifestarte todo mi amor a través de este pequeño momento de oración y adoración Eucarís­tica.

Vengo a traer ante ti, en esta solemnidad de la Fiesta de Corpus Christi, no solamente mis necesidades, sino también las de mi país República Dominicana y las del mundo entero.

Quiero de manera especial orar por esta pandemia del coronavirus que desde hace ya 3 meses vino a cambiar nuestra manera de andar, pensar y hasta de hablar. Confiada en tu misericordia y en tu gran bondad quiero prestarte mi voz para juntos orar.

Amado Jesús, llévate el miedo que ha brotado en cada persona a causa de la incertidumbre que nos ha traído esta pandemia y devuélvenos la confianza, la certeza de saber que Tus promesas llegan a nosotros tus fieles de generación en generación.

Llévate el desánimo, la tristeza, la soledad que existe en muchos hogares y en las calles, porque falta la acogida, la mirada tierna que nos diga que todo estará bien.

Hoy ante ti, Jesús Eucaristía, oro por todas las personas que han fallecido a causa de esta pande­mia, muchos tal vez, sin haber podido reconciliarse contigo.

Ten piedad Señor de estas almas y dales el descanso eterno y a las familias que han perdido sus seres queridos confórtalas y abrá­zalas en tu amor. También colocamos a tus pies todos los médicos, enfermeras/os, camilleros, personal de limpieza, farmacéuticos, voluntarios y muchos otros que se han gastado y siguen gas­tándose para ser tus manos, tus ojos, tus pies, en cada uno de los hospitales donde prestan servicio; ayúdales Jesús a verte a ti en cada enfermo y a tener la certeza que no están solos en la lucha contra esta pandemia.

Ilumina con la luz de Tu Espí­ritu Santo a los científicos, bio­analistas y médicos que están en los laboratorios desarrollando una vacuna contra este virus; derrama el don de ciencia sobre ellos para que puedan junto a Ti descubrir el antídoto de esta enfermedad.

Amado Jesús, vuelve tu rostro sobre nosotros, de manera especial sobre aquellos más débiles, más vulnerables, todos los que han quedado sin empleo de un mo­mento a otro; escucha Señor la plegaria que en silencio te ofrecen cada una de estas personas y dale la esperanza de saber que caminan de tu mano y de que Tú no los abandonarás, y a todos lo que hemos tenido la bendición de seguir con empleo danos un cora­zón compasivo y generoso para no titubear en ayudar a aquellos que no tienen pan para comer, abrigo para vestir y techo para vivir; que con esta pandemia de verdad po­damos aprender a ser más cerca­nos y amarnos los unos a los otros.

Que este confinamiento, aisla­miento, cuarentena, no nos encie­rre en nosotros mismos y mejor nos permita reflexionar que Tú, Jesús, nos estás llamando y despertando para que nuestras vidas tengan un sabor y olor a Ti.

Que las pandemias del odio, rencor, vanagloria, prepotencia, altanerismo, mentira y charlata­nería mueran también con este co­ronavirus, para que como país podamos renovarnos y transformarnos en faros luminosos en medio de la oscuridad.

Señor mío, Hijo de Dios vivo, ruego a ti que no nos permitas se­guir iguales en medio de esta covidianidad; ayúdanos a hacer lo que te agrada, lo que te alegra, lo que amas.

Como los discípulos de Emaús te decimos, quédate con nosotros y permítenos encontrarnos contigo y reconocerte al partir el pan.

Hermanos, hermanas, ánimo, Jesús está en nuestra barca en medio de esta tormenta y quiere regalarnos su paz.

Gracias Señor, te amo. Te ala­bamos, te bendecimos, te glorificamos pan de vida eterna.

Gracias Jesús.

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Oración de Michel Crespo, el jueves 11 de junio del año 2020, Fiesta de Corpus Christi, en la Catedral San­tiago Apóstol, Santiago de los Caballeros, R. D.

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