El valor profético de la “Rerum novarum”

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268 La «Rerum nova­rum» es, ante todo, una apasionada defensa de la inalienable dignidad de los trabajadores, a la cual se une la importancia del derecho de pro­piedad, del principio de colaboración entre clases, de los derechos de los débiles y de los pobres, de las obligaciones de los trabajadores y de los pa­tronos, del derecho de asociación.

Las orientaciones ideales expresadas en la encíclica re­forzaron el compromiso de animación cristiana de la vida social, que se manifestó en el nacimiento y la consolidación de numerosas iniciativas de alto nivel civil: uniones y centros de estudios sociales, asociaciones, sociedades obreras, sindicatos, cooperativas, bancos rurales, aseguradoras, obras de asistencia. Todo esto dio un notable impulso a la le­gislación laboral en orden a la protección de los obreros, so­bre todo de los niños y de las mujeres; a la instrucción y a la mejora de los salarios y de la higiene.

269 A partir de la «Re­rum novarum», la Iglesia no ha dejado de consi­derar los problemas del trabajo como parte de una cuestión so­cial que ha adquirido progresivamente dimensiones mundia­les.583 La encíclica «Labo­rem exercens» enriquece la visión personalista del trabajo, característica de los preceden­tes do­cumentos sociales, indicando la necesidad de profundizar en los significados y los compromisos que el trabajo comporta, po­nien­do de relieve el hecho que «surgen siempre nuevos inte­rrogantes y problemas, nacen siempre nuevas esperanzas, pero nacen también temores y amenazas relacionados con esta dimensión fundamental de la existencia humana, de la que la vida del hombre está hecha cada día, de la que deriva la propia dignidad específica y en la que a la vez, está contenida la medida incesante de la fatiga humana, del sufrimiento, y también del daño y de la injusticia que invaden profundamente la vida social, dentro de cada Nación y a escala internacional ».584 En efecto, el trabajo, « clave esencial »585 de toda la cuestión social, condiciona el desarrollo no sólo económico, sino también cultural y moral, de las personas, de la familia, de la sociedad y de todo el género humano.