El Uniforme

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MICAEL • ¿QUIÉN COMO DIOS?

 

El Uniforme

Un uniforme (del latín «unifor­mis») es un conjunto estandarizado de ropa usado por miembros de una organización mientras participan en la actividad de ésta. En las religio­nes, ha sido habitual desde los co­mienzos de la historia el uso de uniformes para sus miembros activos.

Si alguna vez ha vestido usted un uniforme (da igual de qué tipo) sabrá que no es una prenda cual­quiera. El uniforme produce ciertos sentimientos y comportamientos en aquel que lo viste y en aquellos que lo ven desde fuera. Puede producir rechazo, admi­ración, disciplina, concentración, se­guridad, falta de iniciativa… Depende de la percepción del observador y de qué grupo procede: médicos, policías, soldados, pilotos, sacerdotes, reos, obreros, etc.

De todos modos, está claro que los uniformes nunca pasan desaper­ci­bidos en nuestra sociedad. Es verdad, el uniforme es ropa. Pero es una ropa con personalidad propia.

Uno de los mayores poderes del uniforme es la colectivización. El uniforme sigue haciendo valer sus pode­res. Había una vieja tradición entre los soldados, cuando un soldado rompía los principios de su ejér­cito, de su poder, debía públicamente qui­tarse su traje, su uniforme y devolverlo, porque lo ha manchado.

Después de esta introducción podemos echar un vistazo al unifor­me de san Miguel, que es una vestimenta de un guerrero y en este caso de un emperador romano con traje militar de gala, con armadura física, que conlleva la túnica y paludamento. La imagen original no tiene ­colores, es de un marmolito, aunque  en algunas partes del mundo lo pintan por aspectos culturales, pero no tiene significado alguno. Así pues por la vestimenta pertenecemos a una colectivización, creando comunión y participando en ella.

Para los cristianos es alusivo a la vestimenta del bautismo. Por el bau­tismo entramos a la familia cristiana. Los pri­meros cristianos dejaban la ropa vieja y entraban al agua donde se ha­cía triple inmersión. Luego salían y se los cubría con la túnica blanca y con ella an­daban por un tiempo. Simbo­lizaba que eran personas nuevas, con una vida nue­va. Ya no podían decir: quien como yo, sino quien como Dios, con un obrar nuevo. En el bautismo he­mos sido revestidos en Cristo. Tenemos una nue­va ropa que es la pureza.

En el momento del bautismo el sacerdote dice: Eres ya nueva creatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de vuestra dignidad de cristianos. Ayu­dados por la palabra y el ejemplo de los vues­tros, consérvenla sin mancha hasta la vida eterna.

El Papa Francisco en la catequesis bautismal sobre la vestidura blanca y el cirio (16 de mayo de 2018) dijo: Sin mancha hasta la vida eterna. Esta­mos llamados a preservar la vestidura «sin mancha hasta la vida eterna» recorriendo el «camino de la vida cristiana, cultivando las virtudes y, sobre todo, viviendo la caridad».

San Miguel Arcángel nunca ha  manchado su traje y Su caridad es luchar en nombre de Dios por no­sotros y con nosotros, motivándo­nos a que no manchemos el don de la fe y la pureza del corazón reci­bidos en el bautismo. Y todo esto nos ha dado fundador de la Iglesia, nuestro Señor Jesucristo, a través de los frutos de su vida, muerte y re­surrección.

Pues nadie podrá entrar al cielo con mancha, por pequeña que sea. Y por eso hay tantas formas de purificación en la Iglesia y si el ser humano falla, todavía está el purgatorio, para limpiar estas manchas. Y san Miguel nos apoya en todo esto.

Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.