El proyecto de Jesús y el proyecto de Judas

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Todo ser humano tiene un proyecto. Un amigo dice que cuando la persona deja de tener proyectos comienza su camino a la muerte, pues en verdad lo que ani­ma e impulsa nuestro existir, son los retos y metas que per­seguimos y buscamos.

Jesús de Nazaret según la Biblia fue una persona: hu­mana y divina, con todo lo que le es propio al hombre, menos el pecado, y como tal tenía un proyecto, el proyecto del Padre Dios: el Reino, ese era el proyecto de Jesús. Hacer que todos tuviesen a Dios como lo central, lo pri­mero. La llamada vida pú­blica de Jesús así es que comienza: “El reino ha llegado”, “El reino está entre ustedes” (Mc 1,15: Mt 4,17 y Lc 4,14).

Los seguidores más in­mediatos de Jesús también tenían el suyo, que posiblemente no coincidiera en un primer momento con el de Jesús, tal es el caso de Judas, que lo traicionó. Siempre ha llamado la atención la trai­ción de Judas. Cómo es po­sible que un hombre como él, viendo las acciones milagrosas de Jesús y escuchando sus ­palabras, terminara haciendo lo que hizo. Su traición es común a los cuatro evangelios, aunque cada uno da su visión propia de él, sin embargo, Juan matiza más al personaje y es el que le da peor trato (Jn 12,5-6). Pero Judas, en lo que nos atañe, también tenía su pro­yecto, el cual deducimos por la forma como actuó ante el proyecto de Jesús.

Muchos biblistas y teó­logos dogmáticos, coinciden en que Judas traiciona a Jesús porque se desen­cantó de él. Es decir, hubo entre el proyecto suyo y el de Jesús una dicotomía. Él es el Iscariote, el que lleva la espada, conoce todo lo que se mueve en Jerusalén, y no aparece entre los pri­meros llamados por Jesús. Tal parece que era del sur, de Judea, y Jesús y los otros son del norte, de la Galilea. ¿Cómo llega Judas hasta allá?

En el sur había muchos movimientos violentos que querían sacar a los romanos por esta vía y esperaban un Mesías guerrero, y estos grupos eran muy perseguido, es posible que Judas (por lo de la espada), fuera de estos grupos y huyendo o debido a las noticias sobre Jesús, buscando la realización de su proyecto, llegase hasta allá. Ahora bien, llegado al momento en que él ve que no hay coincidencia de proyectos, él ve muy pacifico el pro­yecto de Jesús, y queriendo salvar el suyo, le traiciona, para buscar reacción rápida por parte de los discípulos o del mismo Jesús ante la situación, pero se da cuenta que se equivocó y como nos dice Mateo termina suicidándose (Mt 27,3-5).

Hay muchos entre nosotros que le sucede lo mismo de Judas, entran a formar parte de la Iglesia, con la idea de su proyecto, de sus quereres, de llenar sus apetencias y poner en función suya a Jesús, no ponerse en función de él. Gente buena que entra con ánimo y gran espíritu de trabajo y hacen maravillas en medio de la comunidad, pero al poco tiempo se desinflan, se alejan y jamás vuelven a levantar vuelo o a aparecer. Su proyecto no es el proyecto de Jesús. Judas es llamado por el Señor, como todos, para no traicio­nar nuestro proyecto, sino ponerlo en sintonía con el proyecto de Jesús: el reino.

En la Iglesia estamos en función de Jesús, no nuestra, o querer un Jesús a nuestro antojo y manera, un manipular su proyecto en bien del nuestro, no, esa no es la ta­rea, pues terminaríamos como Judas, traicionando a Jesús y traicionándonos a nosotros mismos y en el peor de los casos, suicidándonos espiritualmente.