Pidiendo la opinión a un amigo sobre el pontificado hasta ahora del Papa Francisco, me dijo que este Papa había traído a la Iglesia todas aquellas inquietudes que él tenía cuando era seminarista, algo que yo corroboré en lo inmediato. Francisco nos ha vuelto a cuestionar nuestra fe de cara a lo que la vida del hombre va haciendo hoy, ha vuelto a colocar la directriz primera del concilio vaticano II que era poder responder a las inquietudes del ser humano, no una Iglesia que se perdiera en balbuceos y repeticiones del pasado y de lo mismo, y nada tuviese que decir al hombre y a la mujer de hoy.

Para muchos, esto les ha traído miedo y reproches a las ejecutorias y palabras de Francisco, acusándoles de desconocer la tradición y la doctrina. Si bien es cierto, él no se la sabe todas y se puede equivocar (aunque tiene el talante de infalible en esta materia), pero no está solo, hay muchos y buenos cerebros eclesiales a su lado.  Su formación teológica, espiritual y sobre todo pastoral no es para menos, además de que la gracia del Espíritu le asiste, al ser el elegido por el Señor para la posición que ocupa.

Sus detractores aglutinados en la llamada ultraderecha católica, hacen todo lo inimaginable para desacreditarla, sectores poderosos y de dinero apoyan a estos grupos dentro y fuera de la Iglesia, lamentablemente Cardenales, Obispos, curas y demás se suman a estos intereses y a este esfuerzo de desestabilizar y poner entre dicho el magisterio y el gobierno de Francisco en la Iglesia. Grupos políticamente ubicados en el mundo, con grandes influencias en los medios, sobre todo en las redes sociales y de vez en cuando lanzan su amarillismo, algo que desdice bastante de gente que dice tener fe y hacer esas cosas en nombre de la fe.

Muchos de ellos apuestan a su renuncia y a otros deseos, ahora que lo ven enfermo de su rodilla y ya con el peso de los años, expresan actitudes no cristiana,  que no solo están mal por que él sea el Papa, sino por que son cosas que no se le deben desear a ningún ser humano, y más si se dice seguidor de Cristo. Es lógico que haya su disidencia en algunas cosas y en cuanto a su persona, pues no todos somos papeletas de 2,000 peso que a todo le agrademos, pero intentar el descrédito, la ridiculización, el chisme, el desmedro, la ofensa personal, el pago para el invento y circulación de informaciones que escandalizan a los pequeños, ya eso es rayar en el irrespeto a la dignidad de la persona, de la posición que ocupa y de actitudes sumamente anticristiana.

Por eso hay que orar por estos hermanos que dicen creer y hacer esto por Cristo, hay que orar y apoyar al Papa Francisco, es un hombre que no viene de la cátedra ni de las teorías, viene de la realidad de la vida, de compartir el sufrimiento de mucha gente en la periferia del mundo, de ser pastor que se mezclaba con sus ovejas hasta oler a ellas, un hombre que cree en una Iglesia que salga al encuentro del ser humano necesitado y se le acoge con misericordia; posiciones no muy cómodas para algunos, pues en los mandatos y magisterio de Francisco no está en peligro la sana doctrina ni la fe, sino la comodidad de la fe, pues nos hemos acostumbrado a una fe de capilla y sacristía y de aula de teología, no a una fe que responda valientemente a los retos, vivencia e inquietudes del hombre y la mujer de hoy, una fe misionera y centrada en la proclamación del reino y sus implicaciones.

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