El Insomnio infantil

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“La educación temprana en la infancia es la clave para la mejora de la sociedad.”María Montessori.

 

El insomnio infantil es cuando el niño presenta dificultades para dormir y lograr un  sueño profundo y re­pa­rador y puede estar motivado por: estrés o ansiedad, malos hábi­tos y algu­nos problemas médicos (otitis, cólicos, alergias, enu­resis, etc).

Los padres pueden hacer mucho para ayudar a sus hijos a supe­rar sus dificultades para dormir y lograr que alcancen ese sueño profundo y reparador que tanto necesitan para crecer y desarro­llarse sanos y fuertes. El cerebro del pequeño se regenera durante el sueño y procesa los conocimientos adquiridos a lo largo del día, por eso, disfrutar de una adecuada calidad de sueño infantil es muy importante.

 

Recomendaciones para combatir el insomnio infantil:

 

Establecer pautas de sueño, o sea, seguir siempre los mismos pasos y a las mismas horas, y evitar que es­tas rutinas se cambie. Este proceso basado en técnicas conductuales es importante para ajus­tar el reloj bioló­gi­co, marcar sus ritmos vitales y establecer el control del sueño del niño.

No es recomendable jugar antes de acostarlo. Los juegos pueden crearle sobreexcita­ción. Poner al niño en su cama con algún objeto que le guste y pueda mantener toda la no­che. De esta forma, conseguiremos que asocie esos determinados objetos con el sue­ño.

Leerle un cuento con luz o ambiente muy tenue, prepárale para dormir, habla en tono muy bajito y tranquilo para que el pe­queño se relaje.

Asegúrate de que la habitación está oscura y tranquila, ya que, al mantener la oscuridad de la habitación es muy importante para combatir el insomnio in­fantil. El reloj biológico se ve influenciado por las condiciones del ambiente.

En el caso de que empiece a llorar, no vuelvas inmediatamente, deje que pasen unos minutos para en­trar a su habitación a calmarle y cuando esté tranquilo vuelve a de­jarle solo. Este proceso se puede repetir varias veces en una noche, pero hay que ser persistente y evitar siempre sacarle de la cama.

Con paciencia y  una rutina estricta, el niño aprende a quedarse dormido solo. Si se levanta de la cama, acuéstale sin enfrenta­mientos.