Es justo reconocer 

la meritoria labor

que, de todos, a favor

ellos han sabido hacer;

desde el niño que, al nacer,

llega primero a sus manos

y hasta que somos ancianos

también su preocupación 

porque es su ocupación 

atendernos como humanos. 

Es larga su formación 

lo mismo que rigurosa

y  es continua e imperiosa

acopiar información 

porque en esta profesión 

es permanente su avance

y no hay doctor que descanse 

en sumar conocimiento

y aplicar el tratamiento

que evita un fatal percance.

 

A veces se nos olvida 

que son seres ordinarios

por ser tan extraordinarios

en mantenernos con vida

y en actitud atrevida 

cegados por la inquietud 

cuestionamos su virtud,

destreza y capacidad 

hiriendo su dignidad 

con esta aleve actitud.

Merecen todo el honor

los hombres y las mujeres 

que hacen de sus deberes 

su compromiso mayor 

cumpliendo con pundonor,

amor, generosidad …

combatir la enfermedad 

y sanar a sus pacientes

como el héroe más ferviente

de toda la humanidad.-