El Evangelista Lucas

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La primera parte del Evan­gelio de este domingo contie­ne lo que se suele llamar el prólogo del Evangelio según San Lucas; el mismo comprende los primeros cuatro versículos de la obra. Lucas será el evangelista que nos estará acompañando a lo largo de este año litúrgico. Habría que preguntarse al respecto por la forma como este evangelista ideó su obra y las expectativas que tenía al ponerla por escrito. Si lográramos res­ponder estas dos preguntas estaríamos pisando terreno firme en el intento de comprender lo que nos quiere transmitir sobre la tradición y persona de Jesús.

Lo primero que hay que resaltar es que Lucas veía su Evangelio como una contribución más respecto a otros es­critos y tradiciones que circulaban acerca de Jesús y su mensaje. Por eso dice al destinatario de la obra, un cristiano llamado Teófilo, que también él ha decidido poner por escrito, de forma ordenada, la tradición que ha recibido. No es que desautorice o rechace las tradiciones anteriores; por el contrario, valiéndose de ellas, procurará elaborar su propia obra. Su interés es confirmar todo lo recibido por él, haciendo una investigación diligente de dichas tradicio­nes.

En tal sentido, podemos hablar, guardando la distancia y acogiendo el anacronismo, de que Lucas busca dar una “fundamentación científica” (“investigativa”) a todo lo que se ha contado y se cuenta so­bre Jesús. Lo hará componiendo una obra en dos volúmenes: el tercer Evangelio y Hechos de los Apóstoles. Para confirmar esto último, te invito, amable lector a leer el final del Evan­gelio según san Lucas y el co­mienzo del libro de los Hechos de los Apósto­les; seguro nota­rás el empalme entre los dos volúmenes de la obra lucana.

Para componer su obra, Lu­cas se valió de las tradicio­nes que transmitieron “los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra”, tal como él mis­mo señala en el prólogo que lee­mos este domingo. Dichas tra­diciones fueron conserva­das por los “testigos oculares y servidores de la palabra” para “facilitar el culto, el discipulado y el testimonio de sus co­munidades” (James Dunn).

Al escribir su Evangelio pretende “ofrecer una versión aún más clara y mejor fundamentada” de lo que se contaba sobre Jesús de Nazaret. La pregunta que se desprende es la siguiente: ¿Podemos saber cuáles fueron esas tradiciones sobre Jesús que sirvieron al tercer evangelista para redactar su obra?

Existe un cierto consenso entre los especialistas en se­ña­lar cinco posibles fuentes que sirvieron de ayuda a Lu­cas para escribir su evangelio. En primer lugar, cuenta con el Evangelio de Marcos; de ahí que ambos tengan textos co­munes y aparezca cierta se­me­janza en la formulación de algunos acontecimientos. Se­gundo, podemos detectar algunas tradiciones que Mar­cos transcribió y que Lucas cono­cía de manera oral, indepen­diente de Marcos o que el propio Lucas quiso enseñar a su manera. En tercer lugar, Lucas cuenta con la llamada fuente Q, un documento previo a los evangelios que contiene principalmente dichos de Jesús, y que fue utilizada también por Mateo. Esto ex­plicaría por qué estos dos evangelios tienen contenidos comunes. En cuarto lugar, podría haber algún material que se transmitiera de forma oral, conocido tanto por Ma­teo como por Lucas. Esto ex­plicaría algunas diferencias entre ambos cuando narran escenas parecidas (por ejem­plo, la parábola de la oveja perdida que aparece en Lc 15, 3-7 y Mt 18, 12-14).

Finalmente, Lucas cuenta con una tradición que es ex­clusivamente suya (¡casi el cuarenta por ciento de su Evangelio!), por eso solo él tiene relatos como el del Hijo pródigo, la viuda de Naín, el Samaritano, el rico epulón, etc. Este material exclusivo de Lu­cas reflejaría su intención teo­lógica al poner por escrito “de forma ordenada” las tradicio­nes sobre Jesús. Sería interesante, amigo lector, que buscaras en tu Biblia cuáles son esos textos exclusivos de Lu­cas (que no están en los otros evangelios) para que descubras qué imagen de Jesús pretende transmitirnos.