El año que viene…

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Parece que en la naturaleza humana los inicios en el calendario tienen ma­gia, despiertan un interés inusual, nos hacen planifi­car lo que queremos ser y no hemos podido o lo que intentamos alcanzar sin los frutos anhelados. “Planifi­car” nos resulta más có­modo que “hacer”. Y esto tiene un significado especial cuando se han vivido tiempos atípicos, como ahora con la pandemia.

Los lunes, por ejemplo, son los días elegidos para empezar a hacer ejercicios, llevar una dieta adecuada y de una vez y por todas esforzarnos por mantenernos sanos de mente y cuerpo. “Desde que arranque la semana me ocuparé como Dios manda de mi fe, leeré más y trotaré como un ke­niano”, autoproclamamos.

Igual ocurre con el pri­mer día de cada mes, don­de proyectamos desde ahí lo que haremos o cambia­remos. Y, como es comprensible visto lo anterior, en nuestra cultura el cierre del año lo percibimos co­mo el fin de una etapa de nuestras vidas; mientras que el año nuevo es un re­nacer, una esperanza, un sueño.

En todo período nos ocurren cosas buenas y malas, de las que somos responsables por comisión u omisión. Sugiero en esta época cuestionarnos en seis áreas: La espiritual, la familiar, la de servicio a los demás, la relacionada con la amistad, la laboral y la de superación personal por medio del estudio. Así las cosas, me permito ha­cer algunas preguntas.

Si teníamos metas el año pasado, a pesar del COVID-19: ¿Fueron lo­gra­das? ¿En qué tuvimos éxito? ¿En qué fallamos? ¿Cuáles fueron las razones para nuestros triunfos y nuestras derrotas? ¿Qué debemos hacer o no hacer? ¿Cuál debe ser nuestro comportamiento en determinadas circunstancias? ¿Fue adecuada la forma en que enfrentamos las adversidades y en la que nos comportamos con las victorias?

Busquemos en estos días nuestros momentos de soledad, quizás mejor en un ambiente natural, sin bullicio y pensemos cómo podemos ser mejores personas en el año 2021 y la manera más adecuada de ayudar y comprender a los demás, especialmente a los que están a nuestro lado, que de esos no pocos se olvidan.

Aprovechemos la ago­nía de diciembre para en­contrarnos a nosotros mismos y ser útiles al prójimo. Y que nos mantengamos así durante todo el año que pronto llega y más allá, que ahí está el detalle, en la intensidad de nuestra perseverancia, en mante­ner nuestros propósitos.

Recordemos que lo que nos espera no es fácil, co­mo consecuencia del virus.