Duarte y nuestros jóvenes

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El natalicio del patricio Juan Pablo Duarte llega en uno de los momentos más tristes de la juventud dominicana. Hoy, un segmento significativo de esa población camina por el rumbo equivocado. Perdió el sentido de la vida. Sus días transcurren en la vaciedad. Están desorientados.

Qué estamos haciendo los adultos para que ellos cambien de actitud y vuelvan a los senderos de los estudios, el compromiso comunitario y la búsqueda de una realización integral que les permita ser felices. Pero, con nuestra forma de actuar los estamos empujando hacia el abismo. Les hemos secuestrado su presente y el futuro. Les hemos robado su esperanza.

A nivel de Estado, las políticas aplicadas se han quedado cortas frente a tantas precariedades en las cuales se desenvuelven nuestros jóvenes. Están huérfanos. Es necesario un Ministerio de la Juventud más eficiente.

Nos preocupa las puertas que ven cerradas, impidiéndoles entrar al mundo laboral. Que las academias de música y las instituciones que promueven la cultura en distintos pueblos de nuestro país, no reciban el apoyo necesario para continuar sus labores edificantes en donde los jóvenes encuentren espacios para cultivar las artes, medios eficaces para la disciplina y el crecimiento sano.

Llegó la hora de honrar al Patricio completando la obra que él, y sus compañeros de lucha, emprendieron en bien de la Patria que soñaron.

Tengamos presente que es hipocresía alabarle y rendirle tributo, cuando en la práctica se niegan los ideales de justicia, transparencia y servicio a los demás que ellos encarnaron.

Jóvenes dominicanos, que la voz de Duarte llegue a sus corazones como él les decía a los jóvenes de su generación: “Seguid, jóvenes amigos, dulce esperanza de la patria mía, seguid con tesón y ardor en la hermosa carrera que habéis emprendido y alcanzad la gloria de dar cima a la grandiosa obra de nuestra regeneración política, de nuestra independencia nacional, única garantía de las libertades patrias.”