DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

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La emigración y el trabajo. Buscando una vida digna

297 La inmigración puede ser un re­curso más que un obstáculo para el desarrollo. En el mun­do actual, en el que el desequilibrio entre países ricos y países pobres se agrava y el desarrollo de las comunicaciones reduce rápidamente las distancias, crece la emigración de personas en busca de mejores condiciones de vi­da, procedentes de las zonas menos favorecidas de la tie­rra; su llegada a los países de­sarrollados, a menudo es per­cibida como una amenaza para los elevados niveles de bienestar, alcanzados gracias a decenios de crecimiento e­conómico. Los inmigrantes, sin embargo, en la mayoría de los casos, responden a un requerimiento en la esfera del trabajo que de otra forma quedaría insatisfecho, en sectores y territorios en los que la mano de obra local es insuficiente o no está dispuesta a aportar su contribución laboral.

298 Las institucio­nes de los países que reciben inmigrantes deben vigilar cuidadosamente para que no se di­funda la tentación de explotar a los trabajadores extranjeros, privándoles de los de­rechos garantizados a los trabaja­dores nacionales, que de­ben ser asegurados a todos sin discriminaciones.

La regulación de los flujos migratorios según criterios de equidad y de equilibrio es una de las condiciones indispensables para conseguir que la inserción se realice con las garantías que exige la dignidad de la persona humana.

Los inmigrantes deben ser recibidos en cuanto personas y ayudados, junto con sus fa­milias, a integrarse en la vida social. En este sentido, se ha de respetar y promover el de­recho a la reunión de sus familias.

Al mismo tiempo, en la medida de lo posible, han de favorecerse todas aquellas condiciones que permiten mayores posibilidades de trabajo en sus lugares de origen.

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