Con el Papa Francisco

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Estoy conmovido por los numerosos mensajes de afecto recibidos en estos días. Agradezco a todos su cercanía y oración.

Estas palabras del Sucesor de Pedro, encuentran nido en nuestros corazones. Él nos agradece, por sentirse acompañado en el proceso de recupe­ración después de haber sido operado de estenosis diverticular de sigma, en el Hospital Gemelli, de Roma, el pasado domingo 4 de julio.

Pero somos nosotros quienes debemos agradecerle el bien que ha hecho a la Iglesia con su forma de actuar, enseñándonos a ser humildes, sencillos y cercanos con el que sufre. Ser pastores con olor a ovejas, llegar a las periferias existenciales, y a cuidar nuestra Casa Común.

Nos ha dicho que una persona que piensa construir muros, cualquier muro, y no en construir puentes, no es un cristiano. Que debemos evitar el amor a la riqueza, que solo lleva a la corrupción del corazón. Que el verdadero culto a Dios pasa a través del amor al prójimo.

Que los lazos más auténticos no se quiebran ni siquiera con la muerte. Hay quien sigue amando aunque la persona se haya ido para siempre.

Papa Francisco, estamos con usted, y seguiremos orando por su salud. Usted ha sido un regalo de Dios para la Iglesia y la humanidad.