“En el silencio te encontrarás con Dios”

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William Arias

Hurgando en los rincones de mi sexagenaria memoria, recordé esta frase que no sé dónde la vi o quién me la dijo o en dónde la leí. El asunto es que con ella quiero resumir la maravillosa experiencia que un grupo de sacerdotes y un Arzobispo vivimos en un “retiro en silencio”, con la guía presencial de un Obispo emérito y el acompañamiento espiritual de San Carlos de Foucauld.

Hace unos años, Mons. Rafael Felipe, Obispo Emérito de la Diócesis de Barahona, que ahora descansa en el Señor, y forjador en nuestro país de una línea de Espiritualidad para sacerdotes y laicos, en torno a lo que vivió San Carlos de Foucauld, creó como alternativa para los sacerdotes que quisieran, en el mes de octubre, donde los sacerdotes del país, al igual que en noviembre, tienen tandas de retiros espirituales, una experiencia que le llamó “retiro en silencio”, donde bajo la guía mínima de algún experto y en un ambiente cargado de silencio propiciador del encuentro personal con Dios, se tuviese esta experiencia de domingo por la noche a viernes al mediodía.

Este año, aunque ya Mons. Felipe no está, se tuvo esta experiencia en la casa de retiro de los padres Carmelitas Descalzos, en el Caimito, La Vega.

Allí, 13 sacerdotes y un Arzobispo nos encontramos para vivir esta experiencia, bajo la guía de Mons. Rubén González, Obispo Eméritode la Diócesis de Ponce, Puerto Rico, claretiano, quien por muchos años trabajó en el país y con una gran sapiencia espiritual, supo conducirnos para que en el silencio hiciéramos la experiencia de encontrarnos con nuestro Dios y Señor.

Recientemente el Papa León XIV, en su visita pastoral a España, en uno de sus encuentros recordó la importancia y necesidad del silencio en el mundo de hoy, pues estamos a merced de muchos ruidos, y con ello no quiero decir altoparlantes con música altisonante y de hoy que nos roban la paz y la tranquilidad, sino las voces interiores que empujan nuestros egoísmos y autosuficiencias, los tantos mensajes desconcertantes, vacuos, violentos, tontos y vacíos que nos llegan a través de los medios de comunicación social, las redes sociales, las conversaciones banales, estúpidas, necias y sinsentidos, pero sobre todo las ideologías atropellantes y manipuladoras, junto a una mundanidad consumista e inmoral, que nos aplasta y nos impide pensar por nosotros mismos.

De ahí entonces la necesidad de retirarnos y hacer silencio, para encontrarnos con nosotros mismos, ver lo que en realidad somos y dónde estamos, y por supuesto, encontrarnos con Dios, presentándole todo lo anterior y hablar con él; que nos dé las herramientas que necesitamos para nuestra cotidianidad en el mundo en el que nos encontramos, y reavivar nuestra misión y centrarnos, hacer que solamente escuchemos su palabra y silenciemos los ruidos interiores y mundanos que nos ensordecen ante él.

La pedagogía de los grandes santos de la Iglesia así nos lo enseña, como San Carlos de Foucauld. Hay una multitud de hombres y mujeres que después de una vida de mucho ruido, sobre todo mundano, entraron en ese silencio de Dios y nada ni nadie los apartó de esa opción de vida. 

Hoy hay muchos que lo siguen haciendo, como muestra están nuestros monasterios de clausura o de vida contemplativa. Pero el asunto es que todos necesitamos en ciertos momentos de nuestra vida, hacer esos momentos de silencio para entrar en ese contacto directo con nuestro Señor. Puede ser en un momento del día o de la semana, pero también necesitamos esos tiempos prolongados de silencio para desde allí, reiteramos: encontrarnos con nuestro Dios, pues ese es su lugar o momento predilecto para hablar con nosotros.