“Nos vamos acostumbrando a la violencia”

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William Arias

Leí esta frase en la reseña que hacía un portal católico, sobre la comparecencia en la Universidad Pontificia de Comillas, España, del Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el argentino: Cardenal Víctor Manuel Fernández, “Tucho”, como se le conoce, sobre la reciente encíclica del Papa León XIV: Magnifica Humanitas, donde expresaba, que lamentablemente, como que “Nos vamos acostumbrando a la violencia”, y lo decía de cara a las situaciones que se viven en el mundo de hoy, debido a las guerras y los abusos de unos pueblos contra otros, contradiciendo la fraternidad y el ambiente de paz que debe darse entre nosotros.

Me impactó la frase, por lo que recientemente vamos viviendo en nuestro país, sobre todo en los últimos días. Gente que irrumpe en la casa del otro y sin más le quita la vida, o algunos llegando a su hogar, otros por discusiones banales, por el simple roce de un vehículo al suyo, por la ocupación de un parqueo. 

Los feminicidios siguen a la orden del día, el sicariato se ha convertido en una nueva profesión, con los encargos de ajustes de cuentas y de advertencias para algunos, y súmele la Policía, que constantemente pierde miembros o mata a algún presunto o delincuente en sí, en los llamados intercambios de disparos. 

Y así podríamos citar más de los hechos que contemplamos, ya sea porque lo vivimos en carne propia, o nos llega a través de las redes y demás medios de comunicación.

Ante todo esto, como que ya nada nos hiede ni nos huele (y los dos términos van con H). Vemos como naturales estas situaciones, las cuales catalogamos y hasta justificamos como propias de una sociedad que ha crecido, donde nuevos protagonistas han aparecido. 

Creemos que la situación social y económica que vivimos no es fácil y es propiciadora de tales hechos. Que a la Policía como que se le va la mano o algunos aprueban tales situaciones ante un sistema que imposibilita el ejercicio honesto y serio, para que se aplique la debida justicia en cada caso, y los criminales no anden sueltos, como perros por su casa. En fin, todo un cúmulo de circunstancias que se han vuelto como costumbre ya entre nosotros.

Tales sucesos violentos de una u otra parte, no nos ayudan a construir la sociedad fraterna y tranquila o en la paz que merecemos, y que necesitamos para verdaderamente realizar el ideal de vida que pretendemos y queremos. 

Hay que educar para la paz y la sana convivencia, para el respeto de los unos a los otros. Hay que crear también las estructuras sociales que verdaderamente ayuden a la realización del proyecto de vida por el que cada uno debe optar. 

Tenemos que fomentar un sistema de justicia incorrupto, verdaderamente justo, que aplique la ley, sin miramientos, a quien quebrante el orden público o victimice al otro de manera violenta. Que las cárceles sean verdaderos lugares de rehabilitación psicológica, social y espiritual del individuo violento, para que al salir de allí no vuelva a incurrir en lo que cometió. 

Hay que cambiar la imagen que tenemos de la Policía, y la misma Institución, la idea de ciudadano que tiene desde antaño, una Policía que inspire confianza y que en ella creemos que está nuestra seguridad ciudadana y que ella nos vea, a los ciudadanos, como entes a los que hay que ayudar, antes que usurpar y desestimar los derechos que poseen. 

La violencia no puede ser el pan de cada día de una ciudad o un país. Debe ser evitada y erradicada, nunca acostumbrarnos a ella, sino simplemente repudiarla y evitarla en todo lo posible.