Cuando la devoción necesita ser evangelizada

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Jimmy Drabczak

San Miguel no ocupa el lugar de Dios: nos conduce a Cristo. Durante años, en nuestra misión pastoral miguelita, nos hemos hecho una pregunta importante: ¿cómo presentar la verdadera devoción a San Miguel Arcángel, en una cultura donde su imagen, en algunos ambientes, ha sido mezclada con expresiones de magia y de sincretismo religioso?

En la religiosidad popular dominicana existen manifestaciones en las que la imagen de San Miguel ha sido asociada, en algunas expresiones sincréticas, a Belié Belcán, dentro de prácticas que no corresponden a la fe cristiana. 

Por eso, nuestro desafío no consiste simplemente en corregir costumbres, sino en ayudar al pueblo a descubrir quién es verdaderamente San Miguel, según la Biblia y las enseñanzas de la Iglesia.

Nuestra tarea no es quitar a San Miguel del corazón del pueblo, sino ayudar al pueblo a descubrir al verdadero San Miguel.

San Miguel es un arcángel al servicio de Dios, defensor de su pueblo y combatiente contra el mal. No es una fuerza independiente ni un poder mágico. Su nombre mismo lo proclama: ¡Quién como Dios!

En la Sagrada Escritura, San Miguel Arcángel aparece como servidor de Dios, defensor de su pueblo y combatiente contra el mal. Por eso también la espada con la que tantas veces se le representa, debe ser comprendida correctamente: no como símbolo de violencia humana, sino como imagen de la Palabra de Dios, que ilumina, desenmascara, vence el mal, y fortalece al creyente en el combate espiritual.

La fe cristiana no atribuye eficacia mágica a una imagen, una espada o una fórmula. La fuerza está en Dios, en su Palabra, en la oración, en los sacramentos y en una vida unida a Cristo.

Esta ha sido una de las grandes tareas de nuestro Santuario San Miguel Arcángel en Santiago. A través de la peregrinación y la misión pastoral hemos llegado ya a alrededor de 90 parroquias en el país, tratando de presentar una espiritualidad miguelita bíblica, católica y profundamente cristocéntrica.

Este camino tuvo una expresión especial durante el IV Encuentro Nacional de la Familia Miguelita, devotos y simpatizantes de San Miguel Arcángel, celebrado el 26 de septiembre en nuestro santuario. 

La Eucaristía fue presidida por Mons. Andrés Amauri Rosario Henríquez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santiago, quien agradeció a Dios por el don de la Congregación de San Miguel Arcángel y destacó su misión de peregrinar y extender la devoción a San Miguel.

Evangelizar no significa solamente decir a las personas lo que deben abandonar. Significa también ofrecerles algo más bello, más profundo y verdadero. Por eso hemos procurado crear espacios de oración, catequesis, peregrinación y formación.

Uno de ellos fue el Acto de Gran Consagración a San Miguel Arcángel, recordando claramente que por el Bautismo pertenecemos a Jesucristo. La consagración a San Miguel no sustituye nuestra pertenencia a Cristo; debe ayudarnos a vivirla con mayor fidelidad.

También, por primera vez, antes de la procesión del 29 de septiembre, se cantaron solemnemente las Horas de Alabanza a San Miguel Arcángel, conocidas en la tradición polaca como Godzinki: una forma popular de oración cantada, inspirada en la estructura de la Liturgia de las Horas, que ayuda a alabar a Dios y meditar la misión de San Miguel Arcángel. 

Durante años trabajamos en su traducción, adaptación y revisión, procurando conservar la riqueza del texto original y, al mismo tiempo, hacerlo verdaderamente cantable en español. 

Finalmente fueron grabadas para que los fieles puedan escucharlas, meditarlas, aprenderlas y hacerlas parte de su oración.

Los niños y jóvenes tuvieron también un lugar especial. Un grupo infantil de la parroquia San Estanislao, Obispo y Mártir, de Los Alcarrizos, presentó un baile folklórico inspirado en Ojalá que llueva café, de Juan Luis Guerra. Luego, los “Guerreros de San Miguel” presentaron una catequesis teatral, con un mensaje sencillo: la santidad no es aburrida.

El 29 de septiembre, durante la Eucaristía presidida por nuestro arzobispo, Mons. Héctor Rafael Rodríguez Rodríguez, recibimos otra confirmación importante. En su reflexión recordó que los arcángeles nos conducen a Dios y toda auténtica espiritualidad de la Iglesia debe tener siempre esa misma orientación. Ese es el criterio.

Una devoción es verdaderamente cristiana cuando nos acercamos más a Jesucristo. Si nos lleva al miedo, a la búsqueda de poderes ocultos o a poner nuestra confianza en una criatura como si ocupara el lugar de Dios, necesita ser purificada.

Tal vez ahí esté nuestro mayor desafío pastoral: evangelizar, acompañar y conducir hacia una fe más profunda. Porque el verdadero San Miguel no nos dice: “mírenme a mí”. Toda su existencia proclama: Miren a Dios. Y su nombre sigue siendo una profesión de fe para nuestro tiempo: ¡Quién como Dios!