¿Hasta dónde llega la confianza?

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José Jordi Veras Rodríguez

 jordiveras@yahoo.com

Lo ocurrido hace unos días en el país, un caso horrendo y macabro, no solamente por la forma en que se planificó y ejecutó, sino de quién estaba detrás del crimen.

Nos referimos al caso de Gilberto Julián Sarante, mejor conocido como Julián Oro Duro, y donde resultó asesinada su esposa, Zeneida Socorro Castillo, por personas que eran de su confianza, de la peor manera. Y todo por el dinero y bienes materiales, que ya sabían de su existencia.

Ya se ha determinado el número de implicados en el mismo y cómo el conocimiento de la rutina y de todo cuanto se conversaba o se hacía en la casa, era del dominio de las personas que planificaron y llevaron a cabo el hecho sangriento y que hoy ha calado de tal manera, que ha puesto a pensar a todo dominicano, colocándose en su situación y preguntándose: ¿Ni en nuestras casas estamos seguros? ¿Hasta dónde la confianza llega a ser un peligro?

Y no debería ser, que quien antes era parte del diario vivir y convivir, personas que hasta te criaban a ti o a tus hijos y eran parte del entorno familiar, hoy también son parte de aquellos de quienes te tienes que cuidar.

Es que eso que llamamos descomposición social, tenemos ya que ponerle rostro y cara. Ya no podemos ser tan ingenuos, tan confiados o mejor dicho, cuidar eso que llamamos confianza. Porque tanto el comportamiento como la conducta de las personas ha cambiado y su pensamiento. Hoy, hay quienes solo miran lo que les muestra el mundo a través de las redes sociales y si el otro tiene algo, quieren poseer lo mismo, pero con el mínimo esfuerzo.

Este hecho nos recuerda lo sucedido en noviembre del año 2012, en el Evaristo Morales, un buen sector de la ciudad Capital y que estremeció al país, como ahora el de Julián, por la forma, el móvil. Y detrás de todo esto, ¿quién estaba?

Dos envejecientes, de 80 y 82 años, pareja de esposos y la mujer era farmacéutica. Y ambos tenían algún manejo económico y son “vendidos” por una de las dos domésticas de la casa. Una de ellas se comunica con su sobrina, para que asalten a sus empleadores y le roben un dinero que sabía que tenía, y por el movimiento de mercancía que había siempre en la casa.

La sobrina buscó a su novio, y éste a su vez, a dos más, y procedieron a llevar a cabo el hecho, solo que, terminan matando a la tía y a la doméstica, porque no quería que le hicieran daño a sus empleadores. También asesinaron a los envejecientes, y a la otra trabajadora. El hecho fue descubierto y los culpables, tres de los cuatro, fueron sentenciados.

Es un caso que siempre nos ha servido de lección, al menos personal, de no hablar con nadie sobre temas de dinero o de cosas materiales que se van a recibir. Porque el dominicano es muy confiado y habla de sus cosas y no sabe con qué “oídos” escuchan algunos de su alrededor. 

Un hecho muy similar al ocurrido en el sector de La Victoria con el artista Julián y su familia, y la misma sociedad, que aún no se repone de un crimen de esta naturaleza.

Por favor, recordemos este pasaje de las Escrituras, dicho por el Maestro: “Sean astutos como serpientes e inocentes como palomas”. Sean sabios y estratégicos en su enfoque, enfrentando los desafíos con precaución y discernimiento. Y conserven la pureza en su carácter y acciones.