Celebrar veinticinco años de ministerio sacerdotal es reconocer la fidelidad de Dios manifestada en la vida de un hombre que ha respondido con generosidad a su llamada. Es también una ocasión para agradecer el testimonio de servicio, cercanía y entrega que el padre Eduardo ha ofrecido a la Iglesia Arquidiocesana de Santiago y a tantas comunidades que han sido bendecidas con su ministerio.
Nació en Jamamú, La Montaña, San José de las Matas, en el seno de una familia de profundas raíces cristianas y vocacionales, donde aprendió desde niño el valor de la fe, el trabajo y el servicio a los demás.
El 15 de septiembre de 2001 fue ordenado sacerdote por Mons. Juan Antonio Flores Santana, Arzobispo Metropolitano de Santiago. Desde aquel día inició una vida marcada por la entrega al Evangelio, al servicio de la Iglesia y del pueblo de Dios.
En estos 25 años, el padre Eduardo ha acompañado a miles de fieles en la celebración de los sacramentos, la formación de comunidades, la promoción de las vocaciones, la educación en la fe y el fortalecimiento de una Iglesia cercana, misionera y comprometida con los más necesitados.
Su sacerdocio refleja una vida marcada por la fidelidad a Cristo, el amor a la Iglesia y una permanente disponibilidad para servir allí donde la obediencia lo ha llamado. Su ministerio ha sido un testimonio de cercanía, sencillez, capacidad de trabajo y profundo sentido pastoral, inspirando a muchas personas a vivir con mayor compromiso su fe y su vocación cristiana.
Damos las gracias a Dios por la vida y el ministerio del padre Eduardo. Lo acompañamos con nuestra oración para que el Señor continúe fortaleciendo su ministerio sacerdotal, renovando cada día su entusiasmo por el anuncio del Evangelio y el servicio a la Iglesia.
Pedimos a Dios que le conceda salud, fortaleza y serenidad, para que pueda continuar impulsando las obras de solidaridad y esperanza que realiza a través de la Fundación Solidaria del Divino Niño Jesús, Inc., en beneficio de miles de personas necesitadas.
Que el Divino Niño Jesús, la Santísima Virgen María y Santiago Apóstol lo sigan acompañando y bendiciendo en esta fecunda misión, para gloria de Dios y bien de su pueblo. ¡Felicidades!




