Cuando aprendemos a esperar

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Woman praying in the morning on nature background.Hands folded in prayer on a Holy Bible for faith, spirituality and religion

Ysis Estrella Roman

“Espera en el Señor, sé fuerte, ten ánimo, espera en el Señor.” (Sal 27,14)

Esperar no siempre es fácil. Vivimos acostumbrados a obtener respuestas rápidas, resolver situaciones inmediatamente y avanzar según nuestros planes. Por eso, cuando algo tarda más de lo esperado, aparece la inquietud. Esperamos una respuesta, una oportunidad, una recuperación, una reconciliación o simplemente que cambie una situación que llevamos mucho tiempo presentando al Señor.

También en la vida de fe tenemos que aprender a esperar. Rezamos y quisiéramos ver inmediatamente el resultado de nuestra oración. Pedimos una señal y deseamos recibirla enseguida. Pero Dios no siempre responde según nuestros tiempos ni de la manera que imaginamos.

La Sagrada Escritura está llena de personas que tuvieron que esperar. Abraham recibió una promesa cuyo cumplimiento tardó años. El pueblo de Israel atravesó el desierto antes de llegar a la tierra prometida. María guardó muchas cosas en su corazón sin comprender plenamente lo que estaba sucediendo. Los discípulos tuvieron que atravesar el silencio del sepulcro antes de encontrarse con Cristo resucitado.

La espera, entonces, no significa que Dios se haya olvidado de nosotros. Muchas veces es precisamente durante ese tiempo cuando Él realiza una obra que todavía no podemos ver. Mientras esperamos que cambien las circunstancias, Dios puede estar transformando nuestro corazón.

Esperar cristianamente tampoco significa permanecer de brazos cruzados. Hay esperas que exigen actuar, buscar ayuda, tomar decisiones o perseverar en aquello que sabemos que debemos hacer. Confiar en Dios no elimina nuestra responsabilidad. Nos enseña a hacer nuestra parte y a dejar en sus manos aquello que no podemos controlar.

Quizás una de las mayores dificultades sea aceptar que la respuesta de Dios puede ser diferente de la que deseamos. Algunas puertas se abrirán; otras permanecerán cerradas. Algunas situaciones cambiarán; otras nos pedirán aprender una nueva manera de vivirlas. La fe nos permite confiar en que, aun cuando no comprendamos el camino, Dios continúa acompañándonos.

Por eso necesitamos aprender a vivir también el presente. Podemos pasar tanto tiempo esperando que llegue algo, que terminemos perdiendo las bendiciones que Dios nos está regalando hoy. La vida no comienza cuando finalmente recibamos aquello que pedimos. Dios también está presente aquí, en este momento, en medio de nuestra espera.

Si hoy estás esperando algo importante, continúa orando y haciendo tu parte, pero no permitas que la impaciencia te robe la paz. Pon tus tiempos en las manos del Señor.

Esperar con fe es confiar en que Dios sigue obrando aun cuando todavía no vemos los frutos. Y, muchas veces, al mirar hacia atrás, descubrimos que mientras nosotros esperábamos una respuesta, Él estaba preparando nuestro corazón para recibirla.

Para meditar

* ¿Qué estoy esperando hoy con mayor impaciencia?

* ¿Estoy permitiendo que Dios también me transforme durante este tiempo?

* ¿Sé reconocer y agradecer lo que el Señor me regala mientras espero?

Dios les bendiga siempre.

Ánimo