Diócesis de Puerto Plata
Juan José Morrobel
Con profunda alegría, fe y gratitud fueron celebrados los 25 años de ordenación sacerdotal del padre Cirilo Antonio Zárate Irala, quien arribó a sus Bodas de Plata Sacerdotales, el pasado 26 de mayo. Fue ordenado el 26 de mayo del año 2001.
La celebración inició, el pasado domingo 24 de mayo, con una solemne Eucaristía celebrada en la Catedral San Felipe Apóstol, presidida por Mons Julio César Corniel Amaro.
El martes 26, la comunidad parroquial San Martín de Porres, donde actualmente ejerce su ministerio el Padre Cirilo, junto a invitados especiales y miembros de la comunidad eclesiástica, celebraron con entusiasmo esta significativa fecha.
Asistieron sus hermanos Angélica Ramona, Hilda y Emilio, además de familiares y miembros de la comunidad católica llegados desde Paraguay, país natal del sacerdote, quienes se unieron con alegría a esta importante conmemoración.
El padre Cirilo Antonio Zárate Irala nació en San Fernando de la Mora, Paraguay, hijo de don Luis Antonio Zárate Duarte y la señora Ramona Irala. Llegó a la Diócesis de Puerto Plata como un verdadero regalo de Dios y fue ordenado sacerdote el 26 de mayo del 2001 por imposición de manos del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, en la Catedral Primada de América.
Ha servido en distintas comunidades, entre ellas: la parroquia Santa Cecilia en Santo Domingo; Jesús de Nazaret, en Villa Progreso; San Antonio de Paula, en Sosúa; y actualmente en la parroquia San Martín de Porres, del Ensanche Dubocq, en Puerto Plata.
Es vicario de pastoral de la Diócesis de Puerto Plata y capellán de la Pastoral Penitenciaria, llevando consuelo, orientación espiritual y esperanza a quienes más lo necesitan.
Dentro de los actos de celebración se tuvo un compartir alegre, y se entregó un libro que recoge los 25 años de vida sacerdotal del Padre Cirilo Antonio, reflejando su entrega, servicio y amor a Dios y a la Iglesia.
La comunidad expresó su gratitud al Señor por su vida y vocación, destacando su incansable labor evangelizadora y su entrega dentro del Camino Neocatecumenal, siendo instrumento de salvación y anunciador permanente de la Buena Nueva.




