Padre William
Desde el siglo pasado hemos entrado a lo que muchos llaman la revolución tecnológica y la era digital. Con ello hemos logrado cosas que en otros tiempos eran inimaginables, y asuntos de la literatura y la fantasía propios de un Julio Verne o de los comics de superhéroes o muñequitos, como comúnmente la gente los conoce, o de las películas o series televisivas de ciencia ficción.
Estamos en medio de un mundo maravilloso y digno de admirar, gracias los progresos que el quehacer científico nos ha proporcionado, brindándonos la esperanza de llegar más lejos en la victoria sobre los males del mundo, llámese enfermedad, o el poder conocer y llegar más allá de nuestro universo conocido.
Pero no menos cierto es que grandes desastres y tragedias se han cometido a la par de estos avances. Sistemas totalitarios se han dado y amenazan con su retorno. Ideologías contraproducentes se hacen presentes hoy día, el mal de la guerra sigue presente entre nosotros y amenaza con expandirse cada día más.
Nos cuesta llegar a un consenso en que el planeta nos necesita, que es de todos y no de unos pocos y que hay que cuidarlo, y también que hasta estas altura de la historia, la dignidad humana debía de ser más valorada y respetada y de que nos ayudáramos los unos a los otros, que la igualdad entre los seres humanos, sobre todo hombre y mujer, fuera la panacea vivencial de hoy, junto a un apoyarse unos a otros, pueblos y razas de la tierra, y poder haber logrado la gran utopía de ese ser ciudadano del mundo, vencer la miseria y pobreza que hay en él, y todos al unísono trabajar por el bienestar de todos y no solo mío o de mi grupo.
Tal parece, y es, que hemos avanzado bastante a nivel de las ciencias y la tecnología, es decir, hemos avanzado demasiado rápido en esos cambios, en estos tiempos. Sin embargo, a nivel humano en lo esencial, social y moral hemos quedado cortos, a veces con la impresión de que hemos retrocedido o en otros casos, que hemos involucionado, en vez de evolucionar.
Parece como si el ser humano se resistiera en parte a caminar a la par con lo que conoce y domina, a nivel de su consciencia, en cuanto al renunciar a todo aquello que distrae y que es banal, inmediato y fugaz, que incluso conduce a su destrucción universal y a su autodestrucción personal.
Sabemos del problema de que los progresos de la investigación científica no llegan a todos como debería, pero a partir de un conocimiento promedio, algo de esta consciencia de ir más allá de lo que vemos y tocamos, y de lo que la ciencia y la tecnología nos brindan, debería de verse y sentirse.
Lamentablemente no es así, la disparidad entre la consciencia de lo que somos y deberíamos ser, de la renuncia a nuestros primitivismos y marchar a tono con lo que vamos descubriendo y encontrando por medio del conocimiento, no influye en un caminar más allá de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.
La especie de involución humana que vamos viviendo, llega a lo más retorcido e incluso irracional de nuestro universo y nuestro ser, hasta podríamos decir: algo risorio. A diario, gracias a las redes sociales, vemos las tonterías e irracionalidades del ser humano a lo largo y ancho del mundo, claro está, moviéndose en medio de todo un mundo de racionalidad y cierta lógica que aporta la ciencia y la tecnología, pero la paridad dista bastante y no sabemos cuándo podríamos llegar a un elemento asintótico o aproximativo, pero la esperanza y la lucha para llegar se mantienen, no terminan.




