El trabajo y el trabajador

El mes de mayo en la Iglesia tiene un gran significado mariano, del cual hemos hablado en otras ocasiones, por la hermosa tradición de las flores a la Virgen, pues la primavera permanente nuestra, que está más en su apogeo en este mes, invita a llevar la belleza de las flores en agradecimiento a nuestra Madre, por su papel sumamente importante en la obra redentora.

Pero el mes de mayo comienza con la fiesta de San José Obrero, y de manera civil, el día del trabajo. A San José son variadas las advocaciones o títulos que se le da en la Iglesia, tales como la que hemos mencionado, esposo de la Virgen, custodio del Redentor, patrono de la Iglesia Universal y de la buena muerte, cabeza de la Sagrada Familia, y otras más. Todo esto teniendo como base el hecho de que San José es un personaje de la Biblia, el evangelio de Mateo nos habla de él, y claro está, por ser el padre de Jesús.

Entonces, como era carpintero, pues a Jesús le llaman el “Hijo del carpintero”, ese era el oficio de José. Y los judíos, en un documento antiguo suyo llamado la Tosefta, que es una colección de enseñanzas rabínicas, dice que: todo padre debe enseñar un oficio a su hijo, o si no, estaba criando a un ladrón. Por eso, las profesiones judías iban de padre a hijo, a nieto, y más. Seguro él le enseñó el trabajo de carpintero a Jesús. Por todo ello la Iglesia reconoce a San José y le da el título de Obrero.

En el mundo, ese día se celebra el Día del Trabajo o del trabajador. Entre nosotros hay un merengue que dice que “el trabajo lo hizo Dios como castigo”, aludiendo al pecado de Adán y Eva, pero esto no es así, pues cuando Dios dice en Génesis 1,28 que sometan y dominen la tierra, está instituyendo el trabajo.

San Juan Pablo II, en su gran encíclica “Laborem Exercens” sobre el trabajo humano, en los números 24 y 25, señala esta realidad y lo ve como la forma mediante la cual el hombre participa en la obra creadora de Dios, prolongando y hasta perfeccionándola, en el buen sentido humano, y como un ejemplo destaca la técnica.

En sí, el trabajo, que es lo propio del hombre y la mujer, es todo un quehacer y un contribuir al designio de Dios, que puso su obra en nuestras manos y espera que la administremos dignamente, a través del trabajo diario que vamos haciendo.

A la Iglesia no le es indiferente la realidad del trabajo y de los trabajadores en el mundo entero. Desde siempre ha elevado su voz contra toda acción, presión o explotación del ser humano, a través de un trabajo deshumanizante, en el cual se vea al hombre como una pieza más del engranaje productivo, cuando su trabajo debe engrandecerle y ayudarle a la satisfacción de todas sus necesidades. 

En nuestro país, el mundo del trabajo y los trabajadores han logrado algunas reivindicaciones, pero hace falta muchas más, como un salario más digno, mayor cobertura en cuanto a su seguridad, sobre todo en la salud, y en un retiro digno, y otras cosas más, a las cuales en base a la justicia queremos y debemos llegar.

En este mayo florido, pedimos al Señor, por mediación de la Virgen y San José Obrero, por la justa valoración del trabajo y el respeto a la dignidad de nuestros trabajadores.