Desde España/ Área: Pastoral de la Salud

Mary Esthefany García

hojuelasdeesperanza@gmail.com

El enfermo es un templo sagrado. No es solo un cuerpo que necesita cuidado, sino una historia viva, una vida atravesada por alegrías y heridas, y una experiencia de fe o de trascendencia que merece profundo respeto. Cada persona que sufre lleva en sí un suelo santo, un espacio donde Dios ya habita antes de nuestra llegada.

La Escritura nos ilumina con la experiencia de Moisés: “No te acerques más; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar que pisas es tierra sagrada” (Éxodo 3,5). Este texto nos recuerda que, al acompañar al otro —especialmente en la enfermedad— estamos ante un misterio que no nos pertenece. Quitarnos las sandalias significa despojarnos de prejuicios, de proyecciones personales, de la tentación de imponer nuestras ideas o creencias. Es aprender a escuchar antes de hablar, a acoger antes de corregir.

En el acompañamiento espiritual es vital comprender la vida del otro tal como es, sin violentar conciencias. Permitir que la persona “se descalce”, que se muestre vulnerable, sin forzar caminos ni palabras. Recuerdo a un hermano evangélico que, en cada visita, anhelaba escuchar una palabra de fe desde su propia experiencia. Quizás en otros tiempos hubiéramos interferido en su manera de pensar; hoy sabemos que lo esencial es dignificar a la persona y ayudarla a sentirse amada por Dios.

Todos somos hijos de Dios. Más allá de credos o religiones, estamos llamados a abrirnos a todos. Dios ve más allá de nuestras periferias y nos recuerda que su amor es universal.

Oración final

Señor, enséñanos a descalzarnos ante la vida del otro. Danos un corazón humilde, capaz de respetar, escuchar y amar sin condiciones. Que sepamos acompañar con ternura, reconociendo tu presencia en cada persona enferma. Amén.