Estamos viviendo tiempos de cambios profundos en la sociedad. En los jóvenes vemos conductas que a los adultos nos dejan aturdidos. Su identidad se desmorona como la nieve cuando le cae la lluvia.
Nos encontramos con muchos de ellos que saben más de personajes famosos por su extravagancia, que por los forjadores de la Patria.
En ese panorama preocupante celebramos el 182 aniversario de la Independencia Nacional, fecha patriótica que debemos llenar cada año de compromiso y gratitud hacia aquellos que arriesgaron sus vidas para que hoy disfrutemos de la libertad.
Febrero nos convoca para conmemorar este trascendente acontecimiento de nuestra historia con diversos actos, como una forma de mantener vivos los ideales que ellos enarbolaron hasta dar la vida.
Recordemos que la mejor manera de honrar a nuestros libertadores es continuar su obra redentora perfeccionando la democracia que nos permitió el derecho de expresarnos libremente, pero que conlleva otros derechos, como lo describe La Doctrina Social de la Iglesia cuando nos dice:
Una auténtica democracia no es sólo el resultado de un respeto formal de las reglas, sino que es el fruto de la aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos: la dignidad de toda persona humana, el respeto de los derechos del hombre, la asunción del «bien común» como fin y criterio regulador de la vida política. Si no existe un consenso general sobre estos valores, se pierde el significado de la democracia y se compromete su estabilidad.




