Detrás de cada dificultad, Dios siempre tiene un propósito. Aunque el sufrimiento parezca injusto o incomprensible, muchas veces es el medio por el cual Él nos invita a detenernos, mirar hacia adentro y redescubrir lo verdaderamente importante. Así lo viven muchos enfermos y sus familiares, quienes reconocen que la enfermedad se convierte en un alto en el camino, un tiempo de reflexión y transformación.
Un familiar decía con sabiduría: “Aprendes a distinguir lo verdaderamente importante de lo superficial.” Y un paciente añadía: “Todos te aplauden en las alegrías, pero no todo el mundo está en las tristezas.” Estas palabras reflejan una verdad profunda: en los momentos de oscuridad descubrimos quiénes somos, quiénes están a nuestro lado y cuánto necesitamos del amor de los demás.
La Palabra de Dios nos recuerda: “Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).
Nada ocurre por casualidad, incluso el dolor puede ser instrumento de crecimiento, fe y amor. Cada prueba nos enseña a valorar lo esencial, a reconocer nuestra fragilidad y a abrir el corazón al prójimo.
Oración: Señor, enséñanos a ver tu mano aun en medio del dolor. Que cada dificultad sea una oportunidad para acercarnos más a Ti, fortalecer nuestra fe y valorar a quienes nos rodean. Ayúdanos a vivir con gratitud y esperanza, confiando siempre en que todo obra para bien en quienes te aman. Amén.




