Todos hablamos de paz
pero ¿qué hacemos por ella?
Admirarla como a estrella
y extasiarnos con su haz;
una sensación fugaz
que no deja resultados
pues seguimos afectados
por la perpetua violencia
con la misma virulencia
que nos mantiene angustiados.
Los discursos y proclamas
ofrecen la solución
con palabras de ocasión
y tintes de melodramas;
donde hay planes y programas
contra el reto criminal:
un problema nacional
que por años arrastramos
pero nunca le encontramos
una solución final.
También vienen “asesores”
“expertos” en la materia
con una cara muy seria
a enmendar nuestros errores;
pero, los doctos señores
que llegaron presumiendo
nos dejan el rancho ardiendo
y se van a su país
porque el mal tiene raíz
que nos está corroyendo.
Las reformas policiales
siempre se están sazonando
y el Congreso sesionando
sobre códigos penales;
pero, los antisociales
continúan tan campantes
agresivos, desafiantes …
a la ley y a la justicia
y en portadas son noticia
cada vez más impactantes.
Convivir en armonía
es compromiso social
y un desafío crucial
ponernos en sintonía;
o si no una tiranía
impondrá con mano dura
otra férrea dictadura
borrando nuestros derechos.
No dejemos que estos hechos
se impongan como cultura.




