Por Mary Esthefany García Batista

Cada día, la atención pastoral en Europa se vuelve más especializada: bioética, acompañamiento espiritual, cuidados paliativos… Sin embargo, lo esencial para quienes ejercemos este servicio, sigue siendo nuestro propio crecimiento espiritual y la madurez interior que cultivamos en el camino. 

Entre las lecturas que me acompañan, encontré una frase que me marcó profundamente: “Hay que saber estar con Jesús para saber estar con el paciente.” Me la repito con frecuencia, porque la experiencia me ha enseñado que solo podemos dar de aquello que habita en nuestro interior.

No podemos exigir a otros lo que aún no poseen. ¿Cómo enseñar que el perdón libera, si no lo hemos experimentado, vivido o recibido? Quienes creemos en el perdón de Dios tenemos el privilegio de compartirlo y hacerlo vida. 

Recuerdo a una paciente que, en medio de una conversación sincera, me dijo con lágrimas: “Quizás lo mejor que pueda hacer en mi vida es perdonar, y cuando lo haya hecho, tal vez Dios me lleve a su Gloria Eterna.” 

Estas palabras nos recuerdan que el perdón no solo sana heridas, sino que devuelve la paz que a veces hemos perdido.

 “Sed bondadosos y compasivos unos con otros, perdonándoos mutuamente, así como Dios os perdonó en Cristo.” — Efesios 4:32

Oración: Señor Jesús, enséñanos a perdonar como Tú lo haces. Purifica nuestro corazón de rencores y danos la gracia de acompañar con ternura a quienes buscan consuelo. Que sepamos estar contigo, para saber estar con los demás. Amén.