Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.
Leyendo Mateo 2 nos llenamos de esperanza: Jesús de Nazaret nació en medio de amenazas, bajo el dominio del asesino Herodes, el Grande (37 a.C. – 4 a.C.), responsable directo de la muerte de varios de sus propios familiares. Mateo presenta a Herodes averiguando sobre el paradero del Niño para matarlo. La novedad y alegría del Mesías siempre representan una amenaza para todos los poderosos, encadenados a la búsqueda de sus intereses.
Tampoco las autoridades religiosas tienen una actitud positiva. Los escribas, que tan hábilmente citan la Escritura, no dan un solo paso hacia Belén. Saben, pero no se mueven. Se parecen a muchos de nuestros profesionales diplomados, que saben mucho, pero no aportan nada al bien común. Son turistas nacidos aquí.
En cambio, unos astrólogos que vienen del Oriente, paganos, hombres sin Escritura, han visto la estrella y se ponen en camino siguiéndola. Preguntan con buena voluntad donde piensan que deben indagar. A pesar de la maldad de Herodes y de la cerrazón de los escribas que, saben, pero no se mueven, los magos van hacia Belén. Fuera del palacio de Herodes, la estrella vuelve a brillar sobre ellos.
En el capítulo 2 de Mateo aprendemos, que para encontrar al Mesías no hay que asesorarse, ni con Herodes, ni con los soberbios escribas. Mateo nos invita a imitar la fe de los magos de Oriente. Ven a un recién nacido con su madre, y ahí se arrodillan y entregan sus regalos, porque en ese niño reconocen al Mesías. Mateo nos anima a descubrir al Mesías en un pobre galileo. No sea que también nosotros nos escandalicemos de Jesús, exclamando: “¿No es este el hijo del carpintero?” (Mateo 13, 55 – 57).
También aprendemos, que los caminos nuevos los descubrimos en los sueños y ninguno cruza por el palacio de Herodes. Los magos y astrólogos sin escritura de todos los siglos, nos enseñan con su humildad y obediencia: “hemos visto su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo” (Mateo 2, 2).
El Mesías es para todos, también para los no judíos. Todo este pasaje se comprende mejor cuando uno lee despacio el capítulo 24 del libro de los Números, sobre todo el verso 24, 17, sin duda este astro es la estrella de los magos de Mateo.




