Bergoglio y Francisco

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Segunda parte

 

Nunca como esta vez, había existido un evento en la humanidad que concitara tanta euforia mediática, como la elección del nuevo Papa, después de la inusual renuncia de Benedicto el 11 de febrero del 2013.

Desde el balcón de la Basílica San Pedro, Francisco daba muestra de ser un hombre que, a pesar de llevar vestimenta color blanco, su actitud lo acercaba más al hábito marrón y el cordón ceñido del Santo de Asís, cuyos mayores distintivos son la caridad, la humildad y la pobreza.

Después de siete años de su Pontificado, los documentos y la forma de vida del Papa Bergoglio, sin distanciarse de su formación jesuítica, han enarbolado la conciencia franciscana en su modo de ser, en su pensamiento y en sus escritos. El Papa Francisco es el hombre que comunica con las palabras y los gestos y no le tiembla el pulso para tratar en cualquier escenario, sin que esto le haya ahorrado malos entendidos y aclaraciones, los temas de fronteras del mundo y de la Iglesia: desigualdad social y económica, ecología, cambio climático, guerras, materialismo, el papel de la familia, migraciones, el rol de la mujer en la Iglesia, Ecumenismo, la asistencia pastoral a los grupos LGTBQ, el sacerdocio femenino.

Bergoglio se ha colocado los zapatos de Francisco. Ha entendido el sentido de pobreza desde su vida y forma de ser. Los estigmas que recibió el Santo de Asís los lleva Bergoglio por los sufrimientos que provoca la sociedad contemporánea a los marginados y pequeños: migraciones forzadas, nuevas formas de esclavitud, los descartados de la sociedad, los sin techo, los presos sociales y políticos, los que viven en las periferias territoriales y existenciales sin oportunidades, a quienes se les ha negado su futuro, la des­trucción de los ecosistemas, por quienes no dejan espacios para Dios en sus vidas y los constante llamados a la “conversión pastoral”, al estilo del Santo que distingue el Siglo XIII.

Contamos con un Papa que anuncia y denuncia hacia dentro y hacia fuera de la Iglesia. Sus respuestas nunca son preconcebidas, sino que parten de la vida, muchas veces en tono jocoso y espontáneo, con pala­bras sencillas e ilustradas, con ejemplos que todos comprendemos.

Definitivamente que al Papa Francisco lo engrandece más su humanidad, que su teología, sin embargo, su forma de ser, sus ideas y sus gestos son el resultado de una profunda teología que surge de “ser pueblo en Cristo”.

Sus últimas dos Encíclicas Laudato Sí’ (Alabado seas, mi Señor–2015) y Fratelli tutti (Her­manos todos–2020), que veremos en lo adelante, nos presentan una perspectiva de lo que hemos dicho más arriba.