Bartimeo, el verdadero discípulo

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El ciego Bartimeo es un digno ­re­presentante de todos los discípulos de Jesús que, al intentar hacer el camino de seguimiento, cargando la cruz de cada día, se van quedando a orillas del camino o que, al termino del mismo, son incapaces de ver con claridad en qué consiste su propuesta.

No es de extrañar que el relato del hijo de Timeo (significado del nombre Bar-timeo) aparezca situado en el Evangelio según san Marcos, al término de la sección que relata el cami­no hecho por Jesús desde Galilea has­ta Jerusalén, en la cual va instruyendo a sus seguidores en las exigencias del discipulado. Además, la narración sitúa al Ciego en Jericó, la ciudad más importante antes de llegar a Jerusalén. De modo que el texto de este domingo, el encuentro de Jesús con Barti­meo, es situado por el evangelista Marcos al final de la sección de los tres anuncios de la Pasión, con sus respectivas enseñanzas de lo que significa seguir a Jesús, y al final del camino que lleva de Galilea a Jerusa­lén. Estamos ante el resumen y culmen de los acontecimientos ocurridos por el camino y que el evangelista nos ha venido narrando.

Bartimeo es todo lo contrario a lo que han mostrado los discípulos hasta ese momento. Pasa de estar “al borde del camino” a seguir a Jesús “por el camino”. La alusión al camino es una constante en esta sección del Evange­lio de Marcos (8, 27-10,52). Se hace referencia tanto a un camino físico como espiritual; Jesús y sus discípulos han atravesado muchos poblados, pero también han avanzado en la comprensión de su mesianismo. Quien comienza estando a orillas del camino, termina siguiendo al Maestro por el camino. Quien permanecía en una actitud estática, de repente se pone en movimiento, “soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús”.

El encuentro con Jesús sana a Bar­timeo de su ceguera, de no ver bien las cosas, y lo pone a caminar tras él. Estamos ante el prototipo de toda experiencia discipular. Mientras que muchos otros no entienden (o no quieren entender), Bartimeo muestra una cierta prontitud en el aprendizaje de lo que significa ser discípulo. Re­cuperar la vista es lo que hace posible el seguimiento de Jesús. Recuperar la visión y seguir a Jesús por el camino guardan una relación de causa y efecto. Sin una visión clara es imposible el seguimiento del Señor. Compren­demos ahora porqué la insistencia del Maestro en que el discípulo sepa en qué consiste hacer el camino de la cruz.

Al borde del camino y pidiendo limosna. Esas dos notas describen lo que era la vida de este personaje antes de su encuentro con el Maestro de Nazaret. Muchas vidas que aún no se han encontrado con Jesús están en la misma situación. ¡Cuánta gente tirada a orillas del camino de la vida! Vi­viendo de migajas y menudeo. Es gente que no se percata de la cercanía de Jesús, de su paso por las aceras de la vida. La pregunta que el Nazareno dirige a Bartimeo también se la hace a ellos: “¿Qué quieres que haga por ti?” Seguro que esa pregunta va acompa­ñada de una mirada cargada de mise­ricordia. Es la única forma que tiene Jesús de mirar. Quien se atreve a res­ponder se abre a una posible insospe­chada historia de fe y de seguimiento. Los otros ven, pero no comprenden de que va el asunto; Bartimeo, al ver, en seguida comprende que una auténtica experiencia de discipulado con­lleva seguir al Maestro por el camino que va haciendo.

¿No fue acaso eso lo que Jesús quiso decir a Pedro con aquellas pala­bras del inicio de esta sección del Evangelio cuando le in­sistió en que se pusiera detrás de él y no se le atrave­sara en su camino, como si fuera Satanás?