Dice el Diccionario de la Real Academia Española: “(Del part. de atronar). 1. adj. Dicho de una persona: Que hace las cosas precipitadamente, sin cordura ni re exión.” DED: “Atronarse. Perder la razón, actuar irrefexivamente”. 

Atronado era un término muy usual en mis tiempos, y creo que mantiene su vigencia, con el sentido de atolondrado. Antes de que yo naciera, se utilizaba en mi región con el mismo significado una palabra que jamás he visto escrita ni registrada por ningún lado. Se trata de eprotinado (-ao). En la página 308 de mis memorias aventuré sobre este raro espécimen la siguiente explicación: “Esta rara palabra no podrá ser, tampoco, un invento de analfabetos; tiene factura demasiado clásica para serlo. Por supuesto, no aparece en diccionarios o en obras especializadas, y yo no he tenido el tiempo ni los instrumentos adecuados para investigarla. Por de pronto, me remonta al prōtinus latino (del griego prōtos), que aparece con el sentido de primero, preeminente; y también derechamente, en línea recta, sin detenerse. Como son llamadas reacciones primarias las espontáneas, irreexivas, que obedecen sin más a un impulso, creo que no estamos lejos del eprotinado de nuestros mayores.” 

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DESASTRE 

“El día que nací yo, qué planeta reinaría…”, dice la canción que popularizó José Feliciano. 

Pero, ¿qué tiene que ver un desastre con una canción o con una estrella? 

Quizá sirve de algo pensar que todavía hay personas que no salen a la calle sin haber visto su horóscopo: No pueden arriesgarse sin saber qué le deparan los astros. Si todavía es así, supongan cómo sería siglos atrás. 

Así nació la palabra desastre (disastro en italiano, desastre en español, désastre en francés, disaster en inglés…). Dis-astro: es decir, ‘con mala influencia de las estrellas’. (Nótese que todavía existe en inglés la expresión ill-starred, con semejante significado). Por supuesto, lo que está marcado así, está destinado al fracaso, al desastre. Por ejemplo, en Europa, especialmente en Italia, al no conocerse las causas científicas de las grandes epidemias del s. XV, fueron atribuidas a la ingenuidad de las estrellas. La palabra inglesa in uence mantiene todavía, entre otros, este significado. Aparte de esto, el término italiano in uenza quedó, (en inglés, español y otros idiomas), como sinónimo de epidemia, especialmente ‘gripe’.

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