Para poder continuar en la profundización del conocimiento acerca de nuestros amigos angelicales que nos dan la luz de Dios, se debe dejar claro que Dios es Todopoderoso. Todo el bien y poder proceden de él, ya que son reflejo de su luz. Tal vez, alguien podría preguntar: ¿de dónde lo sabemos, de dónde viene esta visión?

Pues bien, tal visión nos la presenta la Sagrada Escritura, por lo que el concepto de Dios como fuente de luz es bien conocido en el Antiguo Testamento. De hecho, el salmista reza: ¨¡Alza sobre nosotros la luz de tu rostro!¨ (Salmo 4,7); En otro lugar, Dios está directamente relacionado con la luz, que es la imagen de su gloria: ¨Dios, arropado de luz como de un manto¨ (Salmo 104,2); ¨Su fulgor es como la luz¨ (Habacuc 3,4); y ¨la luz mora junto a él¨ (Daniel 2,22).

En la visión de Isaías de la victoria final del bien, hay una seguridad: ¨tendrás a Yahveh por luz eterna¨ (Isaías 60,19-20). Esta verdad se expresa de la manera más precisa en la Primera Carta de san Juan: ¨Dios es luz¨ (1,5). Así, la luz hace referencia, entre otras cosas a Dios y al reino de la divinidad. En resumen, en la Sagrada Escritura él aparece no solo como aquel que crea la luz, sino que él mismo es la luz.

Padre Jan Jimmy Drabczak CSMA