Al comenzar febrero

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Febrero, para nuestra so­ciedad dominicana, es Patria, carnaval y San Valentín, para nosotros los creyentes domi­nicanos también lo es, pero a todo eso asociamos que fe­brero es también el comienzo de la Cuaresma, un tiempo especial y fuerte dentro del ámbito de nuestra fe, aunque en estos tiempos de corona­virus, hemos vivido desde el año pasado una Cuaresma permanente.

En este mes las celebraciones patrias y el carnaval no tendrán la amplitud que han tenido siempre, ya que hay que seguir los cuidados ante el covid-19, y me parece que al ser obedientes a lo que las autoridades de salud nos pi­den, contribuimos con la na­ción, en otras palabras, las celebraciones patrias, sobre todo la del 27 de febrero, estaría enmarcada en ese pre­servar nuestra salud, para dar lo mejor por el país, para ha­cer de él la sociedad equitativa que cada uno de nosotros nos merecemos, la que soña­ron Duarte, Sánchez, Mella y otros que supieron darlo todo para que República Domini­cana sea libre y soberana.

Lo del carnaval, pues co­mo en otras ocasiones hemos dicho, esto se ha vuelto un festín de calle sin más, por lo tanto, al no celebrarse no hay nada que perder, sino tal vez mucho que ganar en que no pasen situaciones qué lamentar y repensar dicha celebra­ción, que es parte de nuestro acervo cultural.

Sobre San Valentín, esta es otra festividad que ha sido asimilada por el consumismo rampante de hoy y solo se ve en términos de ganancias y de lo que se puede recibir, y creo que en la evangelización deberíamos de hacer algo para recuperar y rescatar esta celebración.

Hay que buscar las formas y maneras de hacer resaltar en dicha ocasión los valores del amor y de la amistad, en su realidad divina, partiendo del Dios amor, que nos amó primero y de la realidad del hijo que no nos llama siervos sino amigos, para luego llegar a una corresponsabilidad en ese mismo amor que debe de darse entre nosotros a partir de novios y esposos, y en la construcción de una verda­dera amistad entre todos.

En cuanto a la Cuaresma de este año, no olvidemos que la pandemia nos llegó en Cuaresma, y como decía al comienzo, para muchos ésta se ha prolongado hasta hoy, pues hemos y estamos sacri­ficando mucho para cuidar­nos y para que la situación no nos rebase y sobrevenga lo peor. Pero no olvidemos lo central de este tiempo, que es la preparación para celebrar la Pascua. La humanidad en­tera espera una resurrección. Afortunadamente, se está difundiendo la vacuna, espe­ramos que la mutación del virus no estropee esta espe­ranza, pero aun así, la pascua de la humanidad ante esta cuaresma prolongada, será a semejanza de la de Cristo: plena, total y realizadora.

Reiteramos que no pode­mos salir de la pandemia y volver a lo mismo, a nuestra vida marcada por el consu­mismo y lo económico por encima de lo humano, y una lejanía constante de nosotros mismos, de Dios y de los demás. Hay que hacer resucitar una nueva humanidad, esa que sale victoriosa del sepulcro de Cristo y se vuelve re­ferencia obligada para todos nosotros. Por eso repetimos, que al salir de la pandemia no podemos ni debemos seguir como antes, hay que sacar lecciones, tales como la conciencia de que todos somos iguales, que compartimos el mismo mundo y el mismo destino, y que la salvación humana es para todos y de todos. Estos serían unos bue­nos puntos para esta Cuares­ma 2021 y para este febrero que nos regala el Señor.