Los hechos de violencia que están ocurriendo en el país, nos hablan claramente de una sociedad enferma. Los signos son evidentes.
La situación de un deterioro cada vez más acelerado, crece los fines de semana, en donde encontramos personas que dan rienda suelta a los más primitivos instintos del ser humano.
En estos tres días aumentan el consumo de alcohol, drogas, y la falta de respeto a las normas establecidas para vivir en comunidad.
Entre el viernes y el domingo, se incrementan las muertes por accidentes de tránsito, la violencia intrafamiliar se hace presente de manera espantosa, los conflictos interpersonales llegan al extremo de tragedias.
La paz social en nuestro país está siendo gravemente amenazada, y lo peor que nos puede ocurrir es aceptar esta realidad, con un manto de indiferencia que nos llevará al abismo.
Es hora de reaccionar. No perdamos más tiempo para actuar.
Hagamos un esfuerzo nacional para encaminar el país por el sendero de la armonía, el encuentro fraterno, y el desarrollo que llegue a todos.
Buscar soluciones aisladas no es la forma de reencontrarnos como un pueblo que busca un mejor destino.
Trabajemos para que tengamos fines de semana libres de maldad, crímenes y otras manifestaciones de dolor.
Recordemos lo que nos dice el Papa León XIV: La violencia, cualquier violencia, es la frontera que separa la civilización de la barbarie.




