Palabras de monseñor de La Rosa:

Hoy, acercándome ya a las nueve décadas de vida, todavía quiero ofrecer cuanto pueda, desde mis posibilidades y con la misma disposición de siempre.

No sé cuánto camino me queda. Eso está en las manos de Dios. Pero sí sé cómo quiero recorrerlo: agradeciendo, amando y sirviendo.

Porque si algo he aprendido a lo largo de estos años es que una vida no se hace grande por los honores que recibe, sino por el bien que logra dejar en los demás. Quiero llegar al final de mis días como he procurado vivirlos: sirviendo. Servir ha sido mi vocación, ha sido mi alegría y ha dado sentido a mi vida.

Por eso, mientras Dios me conceda vida y fuerzas, seguiré sirviendo a la Iglesia y a mi amado pueblo dominicano hasta el último día de mi vida.

Finalmente, quiero terminar estas palabras reconociendo que todo cuanto he podido hacer ha sido fruto de la Providencia de Dios. Nada habría sido posible sin su gracia.

Muchas gracias.