Sin miedo podemos decirlo: septiembre es un mes bastante mariano. Empezamos el día 8 con la Natividad de la Virgen; el 12 recordamos su Dulce Nombre; el 15 contemplamos a María al pie de la Cruz en la memoria de Nuestra Señora de los Dolores; y ya casi llegamos al 24 con una de las devociones que más hondo ha calado en el corazón dominicano: Nuestra Señora de las Mercedes. Indiscutiblemente, María tiene la agenda llena en septiembre.
La devoción a la Virgen de las Mercedes nació en España, en la Edad Media, alrededor de san Pedro Nolasco y la Orden de la Merced, dedicada a ayudar a los cristianos que estaban cautivos. Su misión era bien concreta: liberar a los esclavos.
Y aquí viene lo nuestro, en República Dominicana, la devoción a las Mercedes tiene raíces muy antiguas. En el Santo Cerro de La Vega existe una tradición que cuenta que la Virgen se manifestó durante una batalla. No vamos a entrar ahora en si pasó exactamente así; lo cierto es que aquella devoción echó raíces profundas en nuestra tierra.
Después del terremoto de 1615, el Cabildo de Santo Domingo la declaró patrona de la isla, y con el paso del tiempo su devoción quedó profundamente unida a la identidad religiosa del pueblo dominicano.
Por eso, cuando un dominicano dice: “¡Virgen de las Mercedes!”, no está hablando simplemente de una imagen bonita vestida de blanco. Está hablando de una Madre a la que el pueblo ha acudido durante siglos.
Pero hay algo importante: queda muy claro que nosotros no adoramos a María, la veneramos, la queremos y la honramos porque Dios hizo grandes cosas en ella. Y María, como buena Madre, siempre termina señalándonos a Jesús.




