Camino de preparación para la gran Consagración a San Miguel Arcángel
Jimmy Drabczak
«No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien» (Rm 12,21).
Continuamos nuestro camino hacia la Gran Consagración a San Miguel Arcángel, contemplando al sexto coro de los ángeles: las Virtudes.
Cuando hablamos aquí de “Virtudes”, no nos referimos directamente a las virtudes humanas, como la prudencia, la justicia o la fortaleza, sino a uno de los coros que la tradición cristiana reconoce entre los espíritus celestiales.
San Pablo utiliza el término al hablar de las realidades espirituales y de la supremacía de Cristo sobre todo poder: «por encima de todo Principado, Potestad, Virtud y Dominación» (cf. Ef 1,21). La tradición cristiana incorporó las Virtudes a la clasificación de los nueve coros angélicos.
La Iglesia no ha definido detalladamente cuál es la misión particular de cada coro. Sin embargo, la tradición espiritual ha relacionado a las Virtudes con la fuerza que procede de Dios y la manifestación de su poder. No poseen esa fuerza independientemente: como todos los ángeles, son criaturas y servidores del único Dios. Esto nos deja una enseñanza preciosa: ser fuerte no significa necesariamente imponerse sobre los demás.
El mundo muchas veces considera fuerte al que grita más, devuelve una ofensa, consigue que otros le tengan miedo o quien nunca reconoce que necesita ayuda. El Evangelio nos muestra otra fortaleza: «Vence el mal con el bien».
Hace falta fuerza para perdonar cuando nos han herido; para dominar una palabra que aumentaría un conflicto; para mantenerse honesto cuando otros hacen trampas; para levantarse después de una caída; para seguir creyendo cuando llegan las dificultades.
También los ángeles conocieron la prueba de la libertad. Una antigua tradición espiritual expresa la rebelión de los ángeles caídos con las palabras «No serviré». No es una frase bíblica pronunciada literalmente por Lucifer, sino una expresión tradicional de la actitud del orgullo que rechaza a Dios.
Frente a ella resplandece la fidelidad de San Miguel: ¡Quién como Dios! Son dos maneras de situarse ante Dios. «No serviré»: quiero colocarme a mí mismo en el centro. «¡Quién como Dios!»: reconozco que Dios es el Señor y pongo mi vida en sus manos.
Esta batalla también ocurre dentro de nosotros. Cuando digo: “Yo hago lo que me da la gana”; cuando me niego a perdonar; cuando sé lo que Dios me pide y conscientemente hago lo contrario, aparece la lógica del «No serviré».
Pero cuando digo: “Señor, ayúdame”; cuando perdono aunque me cueste; cuando vuelvo a levantarme después de caer; cuando elijo hacer el bien, aunque nadie me lo agradezca, mi vida proclama: ¡Quién como Dios! Las Virtudes nos recuerdan, entonces, que nuestra fuerza no consiste en no ser débiles, sino en permitir que la gracia de Dios actúe en nuestra debilidad.
Prepararnos para la Gran Consagración significa precisamente eso: dejar de confiar solamente en nuestras propias fuerzas y aprender a permanecer firmes con la fuerza que viene de Dios.
Compromiso
Identifica hoy una situación en la que normalmente respondes con enojo, orgullo o resentimiento. Pide a Dios la fuerza para actuar de otra manera y haz algo concreto: vence hoy un mal haciendo un bien.
Oración
San Miguel Arcángel, acompáñanos en nuestro camino. Que, sostenidos por la intercesión de las Virtudes, aprendamos que nuestra verdadera fuerza viene de Dios. Danos fortaleza para perdonar, servir, levantarnos después de caer y permanecer fieles a Cristo. Que nuestra vida proclame siempre: ¡Quién como Dios! Amén.




