Roncalli salvó de una muerte segura a cientos de judíos

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Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.

Desde el 5 de septiembre de 1940, Roncalli conocía de primera mano las atrocidades de los nazis en la ocupada Polonia. La información provino de un grupo de judíos polacos que Roncalli ayudó a viajar a Tierra Santa.

Durante el proceso de beatificación de Roncalli (Juan XXIII) Von Pape declaró bajo juramento que Roncalli, siendo Delegado Apostólico en Turquía, había “ayudado a más de 24 mil judíos con ropa, dinero y documentos”. Estambul era la ruta de escape hacia Tierra Santa para los judíos de los Balcanes. 

Respecto a la suerte de los judíos, Roncalli estaba mucho mejor informado que sus superiores del Vaticano. El 22 de enero de 1943, Roncalli se reunió con Chaim Barla, de la Agencia Judía de Jerusalén. Seguirían muchos otros encuentros, incluyendo uno con el gran Rabino de Jerusalén, Isaac Herzog.

Por esos días, la posición del Vaticano era contraria a la migración de más judíos hacia Palestina, pues temían la suerte de los santos lugares, si esa zona caía bajo el exclusivo control de los judíos.

El 5 de mayo de 1943 el Vaticano recibió una comunicación alarmante: antes de la guerra, los judíos de Polonia alcanzaban los 4 millones y medio, ahora apenas se contaban 100 mil.

Mientras tanto, Roncalli, con la ayuda del rey Boris de Bulgaria, hizo posible que miles de judíos en peligro de ser enviados a campos de concentración pudieran viajar a Tierra Santa. El 28 agosto de 1943, el rey Boris pereció en un extraño accidente aéreo luego de entrevistarse con Hitler.

Roncalli tenia sus dudas si era oportuno crear un gobierno judío en Palestina, pero como lo sostiene Hebblewaith, su “práctica era mejor que su teología”. En febrero de 1944 tuvo dos encuentros con el gran Rabino, Isaac Herzog para tratar acerca de la suerte de 55 mil judíos de Transnitria, una provincia administrada por Rumanía. Se sabe de 730 que eventualmente lograron escapar.

Roncalli se movió. El rabino le escribió: “…quiero expresarle mi más profunda gratitud por las decididas gestiones que usted emprendió para salvar a nuestra gente desafortunada, víctimas inocentes de los nunca escuchados horrores de una potencia que ignora los principios de la religión que son la base de la humanidad. Usted continúa la tradición profundamente humanitaria de la Santa Sede… “. Reconocimiento generoso. (Hebblewaith, 1985: 170 – 195).