Fe y esperanza

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Juan Guzmán

Dos caminos interiores cuyas metas resultan a la lógica, a veces absurdos, pero son en sí mismos, el motivo de mucha humanidad que camina, vive, comparte y procura el bien: ¡La fe y la esperanza!

Dos virtudes y fuerzas del ser humano que promueven la creencia firme en lo invisible y la confianza en que el futuro traerá un bien.

La fe es la seguridad profunda en algo que no se ve, y la esperanza es el deseo y la espera paciente de que las promesas se hagan realidad. No en un plano distante, sino en la inmediatez y praxis de nuestra vida cotidiana.

La fe y la esperanza se alimentan de fuentes inagotables: La observación consciente, el discernimiento profundo y la promoción del bien. Porque el ejercicio del bien promueve la esperanza de otros y así concretamos en el plano inmediato y doméstico, las aspiraciones superiores de un devenir luminoso, común para todos.

La fe es lo último que se pierde y la esperanza, el único camino que mirando al mañana alimenta nuestra fuerza interior. La fuerza de trascender.