Ser padre de familia en la sociedad que nos ha tocado vivir, supone muchos retos y sacrificios para cumplir con la misión que se le ha encomendado a la persona, que junto a su compañera, tienen la responsabilidad de tener un hogar estable, que sea una escuela de armonía, respeto, y formación integral.

Es que hoy tenemos un panorama en donde hacer lo incorrecto, para algunas personas, ya es una actitud normal, y donde la entrega desinteresada hacia los demás parece una acción del pasado, porque está pasando que le ponen un signo de peso a toda obra que realizan.

Ahora los padres tienen que nadar contra una corriente fuerte de individualismo que va creciendo, porque mientras en el hogar se promuevan los valores con una conducta intachable, el ambiente va llevando a nuestros jóvenes a una vida vacía, que trae como resultado que se nos pierdan entre los vicios que hacen de su presente y futuro una catástrofe.

Pero, a pesar de este panorama, tenemos padres que son como un faro encendido para alumbrar la ruta por donde transitan sus hijos. Padres que son un modelo del trabajo honrado, para enseñar a sus descendientes que la riqueza mal obtenida es una vergüenza que mancha la buena imagen familiar.

Tenemos padres tiernos y amorosos, que hacen de su hogar la combinación perfecta de armonía, respeto, alegría, y compromiso por el bien común. En ellos encontramos el amor paternal que es un reflejo del amor de Dios. 

A ti papá, con quien compartimos nuestro peregrinar por este mundo, llegue nuestro reconocimiento, y a los que regresaron a la Casa del Padre Eterno, también les enviamos nuestra eterna gratitud por enseñarnos el camino de la fe, la entrega, y el servicio desinteresado hacia los más necesitados.

Queridos padres, sabemos que el mejor regalo para ustedes en su día, y siempre, es actuar apegados a los principios que nos enseñaron. Ese debe ser nuestro compromiso. 

Gracias papá.