Santiago de Compostela
fue el primero de este mundo
y en nuestra tierra el segundo
se fundó como secuela;
allá de un astro una estela
se posó en lugar sagrado
y así fuese venerado
con el fervor peregrino
quedando abierto el Camino
al orbe cristianizado.
De aquellas tierras llegaron
unos treinta caballeros
hidalgos y jornaleros
que los Reyes ordenaron;
y en este valle fundaron
del Nuevo Mundo el primado
el cual estaría llamado
a ser villa referente
en un lugar preferente
y así quedó proclamado.
Un gran sismo destructivo
en décadas posteriores
enterraba entre estertores
con un golpe intempestivo;
siendo razón y motivo
del histórico traslado
para quedar refundado
tras el telúrico ataque
en las riberas del Yaque
donde se encuentra ubicado.
Desde aquel origen mismo
este hispano asentamiento
fue ganando en crecimiento,
producción y dinamismo;
y uno que otro cataclismo
puso a prueba su templanza
o una espada y otra lanza
sembraron el desconcierto:
respondieron con acierto
e inclinaron la balanza.
Meteoros y batallas
con fenómenos sociales
han sido pruebas cruciales
que vencimos con agallas;
y quedaron esas fallas,
a lo largo del camino
como grave desatino
felizmente superado
un entrañable legado
de este pueblo colombino.
La tradición jacobea
en este lar sigue viva
como costumbre festiva
que de orgullo nos rodea;
y el pueblo se regodea
en la fe por su patrón
celebrando con pasión
al honrar a nuestro santo
el que cubre con su manto
a la Ciudad Corazón.




