Arquidiócesis de Santo Domingo
Con mucha alegría, la Escuela Laical Arquidiocesana San Francisco de Asís instituyó 53 fieles en el Ministerio del Lectorado, quienes desde ahora servirán con mayor compromiso a la proclamación de la Palabra de Dios, en la Vicaría Episcopal Territorial Santo Domingo Norte.
La celebración tuvo lugar en la parroquia Espíritu Santo, en un ambiente de fe, oración y profundo gozo, donde los nuevos lectores respondieron con entusiasmo al llamado de la Iglesia para poner su voz al servicio del Evangelio.
Durante el rito de institución participaron integrantes del laicado de las zonas pastorales Villa Mella–Guaricano, Villa Mella–Guanuma y Sabana Perdida–La Victoria. Al recibir este ministerio, la Iglesia les confía la hermosa misión de proclamar con dignidad y reverencia la Palabra del Señor en la asamblea litúrgica, siendo también testigos de ella en la vida cotidiana de sus comunidades.
Al caer la tarde llegó el momento más solemne de este día de gracia: la Santa Misa, banquete de la Palabra y de la Eucaristía, presidida por el padre Cecilio de los Santos Sánchez, Vicario Episcopal de la Vicaría Episcopal Territorial Santo Domingo Norte.
Concelebraron los padres David Soriano, Director Arquidiocesano de la Escuela Arquidiocesana de Ministerios Laicales San Francisco, Renel Sanon, Director Vicarial de la referida Escuela; Mario de la Cruz Campusano, Vicario Episcopal de la Pastoral Familia y Vida; Semilien Charles, vicario parroquial; Rudy de Jesús, y los diáconos Euclides Hidalgo y Julio Nelson Germán.
En la homilía, De Los Santos felicitó a quienes recibieron el ministerio de proclamadores de la Palabra, exhortándolos a vivir este servicio con entrega y fidelidad, acogiendo con generosidad la gran misión que el Señor les confía.
Expresó que quien comunica la Palabra de Dios debe conocerla, meditarla y dejarse transformar por ella, pues el mensaje que proclama no es suyo, sino del Señor.
Señaló que este ministerio no es una tarea cualquiera. Leer la Palabra exige preparación, oración y un corazón dispuesto, porque quien se pone de pie para proclamarla se convierte en un instrumento de Dios al servicio de su pueblo.




