Padre William Arias
Segunda parte
Continuamos con la entrevista a Liborius Olaf Lumma, liturgista de la Universidad de Innsbruck y especialista en el estudio de las posturas corporales en la liturgia, en lo tocante a la base bíblica de este gesto o postura litúrgica.
Pregunta: Pero ¿cuál es la posición oficial de la Iglesia? ¿Arrodillarse en la liturgia es hoy una opción libre o existen momentos en los que resulta obligatorio?
Lumma: Aunque pueda sorprender en nuestras latitudes, arrodillarse no es obligatorio durante la misa. La misa se celebra de pie. Esa es la postura litúrgica fundamental. En determinados momentos se prevé la postura sentada, que favorece la escucha serena y atenta, por ejemplo, durante las lecturas o la homilía. También existe la indicación de arrodillarse durante las palabrasde la consagración, aunque se puede permanecer de pie «por motivos razonables».
La versión más reciente del Misal Romano en latín, formula esta recomendación de manera más enfática y la extiende hasta el final de la plegaria eucarística, pero únicamente allí donde esa práctica forme parte de la costumbre local. Lo que no se pretende, en cambio, es introducir nuevamente el arrodillarse durante períodos más prolongados o permanecer de rodillas durante buena parte de la misa.
Pregunta: ¿Por qué existen diferentes posturas corporales dentro de la liturgia?
Lumma: Porque la liturgia es una realidad dinámica, con una lógica interna propia. Tiene momentos culminantes hacia los que se orienta toda la celebración, pero también fases más reposadas. Todo ello se expresa y se experimenta corporalmente. Somos seres humanos formados por cuerpo y alma; lo exterior y lo interior están estrechamente relacionados. No pueden separarse. Por eso el Concilio Vaticano II (1962-1965) pidió expresamente que la reforma litúrgica incluyera también una ordenación de las posturas corporales. Las posturas adoptadas conjuntamente son una expresión visible y corporal de la comunión en la fe. De hecho, la liturgia requiere más espacio para el movimiento del que suelen permitir los bancos tradicionales de muchas iglesias.
Pregunta: ¿A qué se refiere exactamente?
Lumma: Cada persona necesita un cierto espacio para poder moverse, cambiar de orientación y dirigir la mirada y el cuerpo hacia distintos puntos de referencia dentro de la celebración. Cuando el obispo entra en procesión por la puerta principal junto con los demás ministros, toda la asamblea debería poder volverse hacia esa procesión de entrada.
Durante la homilía, los fieles deberían orientarse hacia el ambón; durante la plegaria eucarística, hacia el altar; y así sucesivamente. Sin embargo, los bancos de muchas iglesias apenas permiten esos movimientos o incluso los hacen imposibles… Sin embargo, hay una evolución dentro de la Iglesia católica que considero poco afortunada.
Pregunta: ¿A qué evolución se refiere?
Lumma: Me parece muy lamentable que, precisamente durante la plegaria eucarística, en muchas comunidades se adopten posturas corporales muy distintas. De ese modo, lo que es común pasa a un segundo plano y la celebración corre el riesgo de convertirse en una especie de demostración de la piedad personal de cada uno. Sin embargo, eso es precisamente lo que el Concilio quiso evitar. La forma de afrontar esta cuestión probablemente dependerá de cada comunidad concreta.
En cualquier caso, es una lástima que justamente en el centro de la liturgia surja una coexistencia —e incluso a veces una confrontación— de gestos diferentes, en lugar de favorecer una experiencia de unidad que también se exprese y se viva a través de la postura corporal.




