Desde España/ Área: Pastoral de la Salud

Mary Esthefany García

hojuelasdeesperanza@gmail.com

“La vida es frágil”, reflexionaba un hombre cuyo amor fue repentinamente truncado por la enfermedad que llevó a su esposa a la UVI. Un derrame cerebral letal terminó con su presencia física de manera súbita. 

Esta experiencia recuerda la tragedia de Adamuz, cuando dos trenes se descarrilaron en las vías de Madrid a Málaga: cuán delicado es nuestro paso por este mundo.

Una señora que murió en esa tragedia, he visto una foto tomada hace un mes, rezaba el Rosario, rodeada de su familia, muestra a una mujer entregada y serena. Su hijo dice que dedicaba su vida a ayudar en su parroquia. Su rostro, su peinado, su forma de vestir irradiaban una paz y belleza que hablan de un espíritu pleno. Verla provoca un impulso de abrazo y, al mismo tiempo, un envío al cielo de gratitud y oración.

La Escritura nos recuerda: “El corazón alegre hermosea el rostro, mas por el dolor del corazón el espíritu se abate” (Proverbios 15:13). Esta verdad se refleja en la vida de quienes viven en fe, oración y bondad: la armonía interior se proyecta hacia el exterior, como afirmaba San Juan de la Cruz, donde el alma en paz ilumina incluso la apariencia física.

Que podamos aprender a valorar cada instante, a cultivar la oración y la bondad, y a reflejar la luz de Dios en nuestro ser. No sabemos día y hora, por tanto estemos preparados.

Oración: Señor, fortalece nuestra fe para vivir con amor, serenidad y entrega. Que nuestra vida, aunque frágil, sea un reflejo de Tu paz y bondad. Amén.