Los ángeles y la piedra rechazada: Custodios del valor que el mundo desprecia

0
7

Padre Jimmy Drabczak

En la Kelvingrove Art Gallery and Museum se encuentra una de las obras más impactantes de Salvador Dalí: Cristo de San Juan de la Cruz. Quien la contempla en persona, queda profundamente conmovido. Sin embargo, cuando fue adquirida en los años cincuenta por el director Tom Honeyman por apenas 8,000 libras, provocó un escándalo. Más de 300 profesores y estudiantes de arte calificaron la compra como una locura, argumentando que el arte sacro ya no tenía lugar en el mundo moderno.

El tiempo demostró lo contrario. Hoy esta obra vale más de 80 millones de libras y es considerada uno de los mayores tesoros culturales de Escocia. Aquello que fue rechazado por expertos terminó siendo reconocido como una joya incomparable. Esta historia ilumina profundamente el mensaje del Evangelio: Jesucristo es la piedra angular, rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa ante Dios.

Aquí se abre una dimensión espiritual que a menudo olvidamos. Cuando el mundo no reconoce el valor de lo que viene de Dios, el cielo sí lo reconoce. Y en ese reconocimiento silencioso están presentes los ángeles. Ellos no solo intervienen en momentos extraordinarios, sino que custodian la obra de Dios, incluso cuando es despreciada por los hombres.

Los ángeles acompañaron toda la vida de Cristo: anunciaron su nacimiento, lo sirvieron en el desierto, lo fortalecieron en Getsemaní y proclamaron su resurrección. Mientras el mundo lo rechazaba, el cielo lo confirmaba. Esta misma lógica se repite en la historia de la Iglesia.

Cuando murió Pío IX, los cardenales eligieron como sucesor a León XIII pensando que sería un pontífice de transición. Era un hombre mayor, sin grandes expectativas. Sin embargo, su pontificado duró 25 años y marcó profundamente la historia de la Iglesia. Con la encíclica Rerum Novarum defendió a los trabajadores y abrió un camino nuevo en la doctrina social. Lo que parecía débil resultó ser providencial.

Dios actúa más allá de nuestros cálculos, y en ese actuar también están los ángeles, servidores de su providencia. Ellos sostienen en lo oculto aquello que el mundo no comprende.

San Pedro nos recuerda que nosotros también somos piedras vivas. Si Cristo fue rechazado, no debe sorprendernos que nosotros también lo seamos. Pero este rechazo no es motivo de miedo, sino de discernimiento. A veces es señal de fidelidad.

En un mundo que cambia según intereses y corrientes pasajeras, permanecer firmes en la verdad puede implicar incomprensión. Sin embargo, no estamos solos. El cielo acompaña. Los ángeles custodian la fidelidad de quienes permanecen en Dios.

El cardenal Raniero Cantalamessa describía al hombre moderno como un niño que se rebela contra su padre, pero luego vuelve a sus brazos llorando. Así también hoy muchos se alejan de Dios, pero están llamados a regresar. 

Pidamos que nuestros jóvenes encuentren ese camino de retorno. Y recordemos siempre: lo que el mundo rechaza, si viene de Dios, está sostenido por el cielo. Allí, en lo oculto, los ángeles custodian el verdadero valor.