Monseñor Mamerto Rivas
“Entre la valentía del cacique Enriquillo, la marejada de las aguas del mar Caribe, la voz profética de Mons. Mamerto Rivas, la espiritualidad ferviente de Mons. Rafael Felipe, Fello, y el Custodio de la fe, Mons. Andrés Napoleón Romero”
Por Monseñor: Jesús Castro Marte
Obispo de la Diócesis Nuestra Señora de la Altagracia
“50 años son un lapso de tiempo suficiente para hacer balance de una misión encomendada, dar gracias a Dios por los logros obtenidos, enmendar los errores cometidos y llenarse de ilusión y estímulo para el futuro.
La providencia, cuyos planes puede percibir e interpretar mejor que nadie su santidad el Papa Pablo VI (Papa viajero y el Papa del diálogo), dispuso mediante la Constitución Apostólica papal Ad Animarum la erección canónica de la Diócesis de Barahona. Esta Diócesis comprende las provincias Barahona, Pedernales, Independencia y Bahoruco. La Catedral Nuestra Señora del Rosario es su sede. Así se constituyó una hermosa cruzada para la evangelización de la fe en el Sur profundo.

Es en aquella tierra del Sur donde históricamente recordamos aquel lugar en el que existió la cuna del cacicazgo de Jaragua, gobernado por Bohechío, y la sierra de Bahoruco, en la cual se estableció el cacique Enriquillo.
Fue donde inició su labor pastoral monseñor Fabio Mamerto Rivas Santos, como primer obispo de la Diócesis de Barahona. Incansable labriego salesiano del viñedo del Señor.
En el valle de la Sierra de Bahoruco, punto geográfico memorable de esta Diócesis, era el lugar luminoso donde se sentía la voz de un siervo de Cristo, que tronaba desde el púlpito para defender a los que no tenían voz y para luchar por los desamparados de la fortuna, que veían en él un peregrino defensor de la grey, de la misión que le había sido encomendada por el Sucesor de Pedro y de los Apóstoles.
Su cercanía, su trato afable y su templanza de espíritu fueron un faro de luz de aquella tierra olvidada, que iluminada por los rayos del sol naciente dio a luz a mujeres de la estirpe republicana de María África Gracia Vidal, conocida popularmente como María Montez, primera mujer dominicana en conquistar a Hollywood, y Casandra Damirón, figura clave de la cultura dominicana.
Resultó que ese 24 de abril del año 1976, fecha que coincide con la gesta histórica de 1965, donde un pino divino poderoso se mecía a los vientos de la nueva evangelización que el Romano Pontífice, Su Santidad Pablo VI, emitió la Bula de Erección Canónica de la Diócesis de Barahona, conocida por todos como la tierra inolvidable del cacique Enriquillo.
Aconteció que, desafiando la aridez de la tierra y el azote del sol inclemente, fue donde Monseñor Mamerto Rivas, con una grandeza de espíritu, retando los rigores del peligro y la inclemencia del olvido, desarrolló un apostolado, compareciendo siempre al lado de los pobres. Creció en la sublimidad del esfuerzo sin recompensa humana y profesando la religión de Cristo sin alarde, renunciando al oro y al laurel.
La creación de esta Diócesis le dio una apertura a la Iglesia católica para encarnar la realidad social, la educación, el medio ambiente y otros factores sociológicos.
Dentro de los principales logros en estos 50 años, se destacan la construcción de cientos de viviendas para familias necesitadas en el suroeste, además de una activa labor en salud, desarrollo comunitario y asistencia social a través de la Pastoral Social.
Y de igual modo, la diócesis pasó de una estructura limitada a consolidar 25 parroquias activas, atendidas por sacerdotes, religiosas y más de 500 catequistas que cubren las áreas urbanas, rurales y fronterizas.
Al concluir su labor pastoral, Monseñor Mamerto Rivas fue sustituido por Monseñor Rafael Felipe Núñez (1999-2015), cariñosamente conocido como Monseñor Fello. Un hombre creíble, profundamente espiritual y formador de sacerdotes.
Siempre el legado y la labor pastoral de Monseñor Fello Felipe fueron un bálsamo de bienaventuranzas en momentos difíciles. Durante su labor pastoral, fundó el Seminario Menor Beato San Juan Pablo II y, de igual modo, convirtió al Instituto Tecnológico de Barahona, llevándolo a la categoría académica de lo que hoy se conoce como la Universidad Tecnológica de Barahona (UCATEBA), dejando así una huella indeleble en las futuras generaciones de esa Diócesis.
Hoy la Diócesis de Barahona, bajo la guía espiritual de su pastor, el Obispo Monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas, hombre de profunda vida espiritual, de increíble paz interior, con su dureza consigo mismo y dulzura con los demás, con su entrega y disponibilidad, con su intransigencia hacia el mal y apertura a la virtud y al bien, su intensa labor a través de la Pastoral Social y Cáritas Diocesana ha impulsado y fomentado la educación, la seguridad alimentaria, viviendas dignas para personas vulnerables.
Monseñor Romero Cárdenas ha mantenido vivo el gremio de los fieles, la comunión en la fe, en la esperanza y el amor, participando en torno al altar del sacrificio, que une y vincula en todas las preocupaciones comunes.
Su cercanía con las ovejas lo define como un custodio de la fe que nos invita a todos a dar gracias a Dios y a la Virgen de la Altagracia por celebrar el 50 aniversario de la Erección Canónica de la Diócesis de Barahona, para seguir iluminando el camino del bien y la esperanza a toda la grey católica de esa Iglesia particular.




