Papa León XIV, nomofobia y silencio

0
11

Pedro Domínguez

Los jóvenes novios bailaban un merengue apambichao de Juan Luis Guerra. El chico la abrazaba por la cintura con la mano izquierda, mientras con la derecha, algo retirada, observaba su celular. Por su lado, la doncella colocaba sus brazos alrededor del cuello de él y, a la vez, chateaba en su móvil con la rapidez de una mecanógrafa experimentada. En la pista, no era una conducta exclusiva de ellos.

Al día siguiente, algo extraño, almorzaron en familia en la casa de los padres de ella. Todos se enfocaron en sus telefonitos: los demás no existían. Unos movían los dedos con agilidad, chismeando, jugando con figuritas; otros, con audífonos para desentenderse del entorno, estaban sumergidos en la música. 

La comida pasó desapercibida. Su sobrino que estaba enfrente, mediante mensaje de texto, le pidió que le pasara el agua. En la noche la pareja fue al cine: se concentraron más en Instagram y en WhatsApp que en la película. 

Les presenté dos casos de nomofobia, la que considero el trastorno de este siglo. Nomofobia significa “no-mobile-phone phobia”. Es un miedo de estar sin celular o móvil, ya sea porque se les haya quedado en algún lugar, porque no tenga batería o porque carezca de señal. 

Ese instrumento, para muchos, es parte vital de sus cuerpos, indispensable como respirar. Cuando no lo tienen, se sienten incómodos, inseguros, ariscos, violentos. Su uso irracional causa daños que difícilmente se puedan resumir en un artículo.

El pasado primer domingo de Cuaresma, el papa León XIV nos invitó a vivir un camino de oración, ayuno y limosna, expresando que era tiempo de ordenar la vida, volver a Dios y dejar que Él transformara nuestro corazón. 

Y destaco esta reflexión: “Apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphones”. Nos hizo un llamado a crear silencio interior para escuchar la Palabra de Dios, acercarnos a los sacramentos, dejarnos guiar por el Espíritu Santo y a escucharnos unos a otros.

Su Santidad, repito, se refirió a los televisores, la radio y los smartphones, que interrumpen nuestro silencio interior para escuchar la Palabra de Dios. Por ejemplo, he visitado hogares que mantienen el televisor encendido sin verlo, solo para que haya sonido; de igual manera ocurre con la música, que debe ser escandalosa, para que destruya todo síntoma de quietud.

Pensemos en las sabias palabras del papa León XIV. Curémonos de la nomofobia, donde la mayoría tenemos al menos cierto grado de ese padecimiento; aprendamos a apagar los aparatos electrónicos; amemos estar en paz y en silencio; y no temamos a la sana soledad ni a meditar alejados del ruido para encontrarnos con Dios y con nosotros mismos.