También nos encontramos con los Ángeles de la Luz en la vida de Santa Faustina Kowalska (1905-1938), una gran mística polaca. En su Diario, anotó varios encuentros con ellos.  Cuando en Vilnius,

”terminada la homilía, no esperé el final del oficio, porque tenía prisa para volver a casa. Al dar yo algunos pasos, me cerraron el camino toda una multitud de demonios que me amenazaron con terribles tormentos, y se dejaron oír las voces: Nos has quitado todo por lo que habíamos trabajado tantos años. Cuando les pregunté: ¿De dónde llegan en tal multitud? Estas figuras malignas me contestaron: De los corazones humanos, no nos molestes (no. 419). Viendo su tremendo odio hacia mí, entonces pedí ayuda al Ángel Custodio y en un solo momento apareció la figura luminosa y radiante del Ángel de la Guarda que me dijo: No tengas miedo, esposa de mi Señor, estos espíritus no te van a hacer ningún mal sin Su permiso. Los espíritus malignos desaparecieron en seguida y el fiel Ángel de la Guarda me acompañó de modo visible hasta la casa misma. Su mirada era modesta y serena, y de la frente brotaba un rayo de fuego. (No. 418-419).

En otra parte del diario leemos:

… Cuando estaba en adoración […], entonces vi un espíritu que era de gran belleza… Después de un rato ella preguntó: “¿Quién eres?” – Y me dijo: “Soy uno de los siete espíritus que están día y noche ante el trono de Dios y lo adoramos sin cesar”. Este espíritu era muy hermoso, y su belleza proviene de una estrecha unión con Dios (No. 472).

En otra ocasión, mientras viajaba en el tren, tenía visiones del mismo Ángel. Así es como lo describe este encuentro:

  “De pronto vi junto a mí a uno de los siete espíritus, radiante como antes, con aspecto luminoso; lo veía [232] continuamente junto a mi cuando iba en tren. Veía que sobre cada iglesia que pasábamos había un ángel, pero en una luz más pálida que la del espíritu que me acompañaba en el viaje. Y cada uno de los espíritus que custodiaban los templos, se inclinaba ante el espíritu que estaba a mi lado” (No. 630).

Cuando, debido a la enfermedad de santa Faustina estuvo en el hospital de Pradnik en Cracovia, recibía varios días la Sagrada Comunión de las manos del Ángel. Aquí están las notas de Su diario:

“De repente, junto a mi cama vi a un Serafín que me dio la Santa Comunión diciendo estas palabras: He aquí el Señor de los ángeles. Cuando recibí al Señor, mi espíritu se sumergió en el amor de Dios y en el asombro. Eso se repitió durante 13 días, sin tener yo la certeza de que al día siguiente me la trajera, pero abandonándome a Dios, tenía confianza en su bondad; sin embargo, ni siquiera me atrevía pensar si al día siguiente recibiría la Santa Comunión de este modo. El Serafín estaba rodeado de una gran claridad, se transparentaba la divinización, el amor de Dios. Llevaba una túnica dorada y encima de ella una sobrepelliz y una estola transparentes. El cáliz era de cristal, cubierto de un velo transparente. Apenas me dio al Señor, desapareció. (No. 1676).

Ángeles de luz, Dios les ha enriquecido con su sabiduría y gloria, para que le sirvan sabiamente y con toda felicidad. Sean ustedes nuestros guías en el camino de la santidad y defiéndannos de los ataques de los malos espíritus – “hijos de las tinieblas”. Amén.

Padre Jan Jimmy Drabczak CSMA